Carmen Casado Linarejos

Epifanías

Carmen Casado Linarejos


El 8-M

09/03/2025

Ayer se manifestaron las diversas secciones de feministas que existen en España, ataviadas con el pañuelico morado que lucen, fingiendo una inexistente unidad. Los distintos partidos políticos que se adscriben en la izquierda son los que se apoderan del feminismo  más estruendoso como una de sus señas identitarias. Y esto a pesar de que la realidad se empeña en contradecir las consignas y la propaganda exhibidas por la izquierda feminista. Con asombro hemos conocido las denuncias por abusos sexuales cometidos por relevantes políticos de Sumar y de Podemos, habituales vocingleros en defensa de las mujeres frente a las jaurías machistas. Paradójica también está siendo la tristemente famosa ley del sólo sí es sí, producto de la presencia como Ministra de Igualdad de Irene Montero y que ha beneficiado a cerca de dos mil condenados por delitos de índole sexual contra las mujeres. Y esto sin que el Gobierno de Sánchez se haya atrevido a derogarla sin el permiso de los miembros de extrema izquierda que forman parte de dicho Gobierno. El increíble argumento con que defienden aquella nefasta ley consiste en culpar a los jueces que, o bien no saben aplicarla, o bien son jueces ofuscados por una mentalidad patriarcal y facha, pero nunca por los evidentes fallos de la ley en cuestión.  No reconocen que aquella ley fue la consecuencia de la incompetencia de un equipo presidido por una ministra sin la formación necesaria, impuesta por su marido, a la sazón vicepresidente del Gobierno. Preguntados los miembros de los partidos de extrema izquierda por su actuación ante las denuncias presentadas contra varios distinguidos dirigentes de sus respectivos partidos-otro candidato de Sumar, en Baleares también denunciado por agresión sexual-han culpado a los periodistas de estos   escándalos por difundirlos. La hipocresía y falsedad del feminismo vocinglero de esta izquierda no tiene ninguna justificación. No basta con gritar el día 8 de marzo, ni con fingir indignación porque un hombre le diga a la vicepresidenta segunda del gobierno que tiene buen aspecto. Gritar con talante irritado frente a la sociedad, dicen que patriarcal, no basta para tener razón. Los hechos cantan y hablan por si solos.