Desde que el Ministro Urtasun anunciara su constante hostilidad a las corridas de toros en España, es un hecho probado el incremento de la afición. En parte por curiosidad, pero también por parte de los defensores de la libertad que no admiten la prohibición por razones ideológicas. Esa amenaza ministerial también ha provocado importantes reacciones en el ámbito de la cultura por considerar que los ataques a toda expresión cultural es empobrecedora e inadmisible. En este caso, se trata de una vertiente cultural importante en si misma, pero también por sus manifestaciones en otras artes. En defensa de estos principios, se ha desarrollado en las Islas Azores, durante los pasados días 24 y 26 de enero, el IV Fórum Mundial de la Cultura Taurina que trataba de establecer criterios en defensa de los toros, con carácter internacional con presencia de representantes de ocho países donde se celebran corridas de toros. Se debatieron, entre otros, los temas referentes al estado actual de la Fiesta y sus problemas. El Congreso ha destacado su enorme valor patrimonial, histórico y económico, subrayando la fuerza expresiva y emocional del espectáculo. Ha sido muy importante la llamada de atención a los aficionados para no dejarse influir por los falsos prejuicios de quienes pretenden acabar con una cultura taurina. Respecto a los argumentos animalistas, se presentaron detallados estudios científicos sobre el sufrimiento animal cuestionado por la especialización genética del toro para su función. Su importancia en las Bellas Artes incluyó la proyección del documental de Albert Serra Tardes de soledad, con el torero Roca Rey, que relata la angustiosa soledad del torero en la habitación del hotel, en las tensas horas que preceden a su actuación en la tarde en que se pone en juego su vida. Se exhibieron fotografías, pinturas y esculturas, como el libro Aroma de Romero, dedicado al mítico Faraón de Camas. A mi me ha gustado el libro de Pepe Alameda titulado Heterodoxos del toreo, que da a conocer a aquellos toreros raros que cambiaron el arte de torear. Y es que son muchos los argumentos a favor de la tauromaquia. Solamente hay que saber darlos a conocer.