La tarde soltó agua, como tantos días de esta primavera, causa de tanto daño. Hoy, comenzó a granizar, hacia las siete en la parcela, a la que fui con mi hijo mayor para liberar -de unos tiestos- escasos lirones, en recuerdo de Marcelino, su flor preferida por la delicada cabezuela en tono amarillo suave o blanco limpio, que emerge airosa y busca sueños libres en la altura de un fino tallo verde brillante. Me acompañé de melancolía -típica del otoño- y pensé en dos amigas que están en residencia. Y de un amigo que, también. Poeta de los buenos y sacerdote, cuyo nombre encabeza mi columna. Tomé su libro A corazón abierto que escribió a César Eudosio Serna Serna. Debajo, esta dedicatoria: A Carmen y Marcelino, amigos y soñadores en corazón de espuma en este acantilado de tierra en sementera con todo mi afecto y gratitud. Palencia, 22-10-2010.
Pensé en Elpidio, contento a la vuelta de una romería en Galicia. Requerido por su oratoria profunda, y poética, cercana y amena, que animaba el día de fiesta con caudal de simpatía. Todos contentos y los de los pueblos vecinos querían para el próximo año a aquel cura campechano que hablaba de Jesús, Hijo de Dios, y sabía hacer de la fiesta un buen momento para que rencores o envidias, se volviesen deseos de perdón y ganas de ser mejores.
Y los curas, invitados ese día por quien se había llevado la romería, pues se subastaba, ejercían su sagrado ministerio y, en nombre de Dios, perdonaban y absolvían a personas que en esos momentos podían acercarse a uno de ellos, sin problema pues resultaba más fácil confesarse así. El de tu parroquia conoce más tus defectos. Mientras, la alegría de niños con juncos llenos de rosquillas de anís era evidente, y mocitas, en edad de merecer, esperaban el baile. Era frecuente que las parejas formalizasen relaciones en el día del santo patrón.
Pasar un rato con Elpidio era compartir alegría y palabra de corazón abierto a la ternura. A veces lo visitamos en su casa. Y siempre, aquellos buenos ratos eran una inyección de oxígeno que venía bien fuese la estación del año que fuese. Luego, las visitas se espaciaron; quizá, al hacernos mayores, los hijos ya casados y tiempo libre por jubilación, hicimos viajes para visitar a mi familia en Galicia.