Dionisio Lamas Muñoz

Tribunal Libre

Dionisio Lamas Muñoz


Democracias absolutistas

24/03/2025

Los Estados democráticos tienen la peculiaridad de distinguirse por su acendrada veneración: a la persona, sus derechos y libertades, y donde la opinión prevalece sobre el silencio; donde el pensamiento es tenido como riqueza y razón de la cultura, savia prolífica del vigor de la sociedad, frente a la degeneración de hechos impropios de la civilidad. Difundir el miedo en personas sencillas y humildes, cultas y pacíficas, usando la demagogia con el fin de obtener el poder y el gobierno local, regional o nacional, acompañado de la opresión de la amenaza constante hacia la negación de las necesidades físicas y sociales, es la mezquindad antidemocrática más repulsiva, es el ejercicio de la autocracia demérita, propia de seres humanos maquiavélicos e injustificables. La manipulación psicológica de la persona, guiándola hacia la violencia y el conflicto, conminándola hacia una tendencia única, sin opción de explorar otras, pertenece a las acciones más viles y miserables llevadas a cabo en las dictaduras, no en las democracias. En una nación democrática es inaceptable el paternalismo unilateral, en nombre del bien común o con afán de perpetuarse en los cargos, y alegando el servicio a los ciudadanos, estos, tienen el derecho innegable de expresar sus ideas, sentimientos y emociones, junto a su filiación y simpatías con plena libertad, sin coacciones y sin custodia alguna. En una democracia, el buen gobernante: local, regional o nacional, brilla en razón del consenso y del dialogo con la mayoría, en buena lid con sus homólogos y con sus ciudadanos y sin constituirse en paladín de ninguna causa, porque todas ellas llevan el sello de la madurez subyacente de la mayoría parlamentaria. El absolutismo democrático es propio de los Estados decrecientes en el mundo civilizado, los cuales, pretenden asombrar a otras naciones con un respeto profundo hacia sus instituciones y su Constitución, sin embargo, las infringen constantemente, desde la vulneración del sufragio universal hasta la falacia pertinaz con el fin de perseguir objetivos indiferentes a la nación o al pueblo, mientras que los ciudadanos piden soluciones a las grandes necesidades, mayormente vitales: trabajo, salud, educación.