Dionisio Lamas Muñoz

Tribunal Libre

Dionisio Lamas Muñoz


Despotismo internacional

17/03/2025

El poder económico, político y militar seduce a personas que con reducido bagaje sobre el conocimiento de la historia y del mundo, pretenden imponer sus vesanias, desde un proceder saduceo, opuesto a la verdad y al diálogo, y parecido a una partenogénesis, es decir, sin el concurso de las partes necesarias en un contexto fuera de la lógica de la certeza y de la razón histórica, vulnerando las normas más elementales y simples de respeto y diplomacia internacionales.
El poder absoluto ejercido mediante la humillación y la posverdad hace que los pueblos y las naciones de la Tierra se ciernan en confrontaciones dialécticas sin sentido, padeciendo sus gentes el sonrojo de las torpezas de sus gobernantes. Los siglos IX y X d.C., fueron siglos siniestros, como los siglos XX y XXI de nuestra era, siglos entregados a la destrucción, al pillaje, al vandalismo, a las matanzas más sangrientas, fueron y son siglos de oscuridad en los cuales las atrocidades claman al Cielo, el grito y el llanto de los inocentes llega y llegó a las entrañas del Creador. Hoy y ayer la civilización cristiana arroja una luz esperanzadora, sobreponiéndose al caos de la ontogenia regresiva y cáustica que promueve el despotismo del poder, el cual, engendra conflictos bélicos y fomenta la discordia entre los pueblos y disgrega el entendimiento de las naciones.
El despotismo internacional es la supremacía imperialista que pretende a través de la soberbia y la prepotencia del más fuerte, imponer desde el delirio de la psicopatía su fuerza, con ánimo de borrar la historia y la recia personalidad de los pueblos que defienden con firmeza sus fronteras y repelen con fiereza las invasiones de este siglo, como en los precedentes, lo hicieran los pueblos invadidos y doblegados a la sumisión.
Desconocer le legitimidad de los justos derechos de una nación, y excluir sus aspiraciones, es relegar su futuro al arbitrio y el capricho de la indolencia internacional, de la psicosis de los tiempos bárbaros, de la herrumbre que albergan los gobiernos impotentes ante la grandeza de las naciones humildes.
El despotismo internacional a través del Ius Bellum podrá ocupar territorios, pero no justifica sus acciones ni comprar la dignidad de sus gentes.