La falta de inspiración, espero que temporal, me ha llevado a reflexionar sobre la soledad y el miedo del portero de fútbol ante el penalti. La figura del guardameta ya inspiró una novela al escritor austriaco Peter Handke, El miedo del portero al penalti. Años más tarde, otros autores, sobre todo poetas (me viene a la memoria Luis García Montero), volvieron a aludir al valor poético del cancerbero ante la pena máxima.
Los escritores a veces manifiestan una angustia y un temor insuperables ante el folio en blanco que no consiguen emborronar con nada interesante, emotivo o bello.
Por segundo día consecutivo no logro escribir un texto narrativo o reflexivo, no importa de qué o sobre quién. No se trata de un problema de personajes. Insistiré una vez más: cualquier persona, desde el más gris ciudadano que nunca sale de su hábitat laboral y familiar, hasta el mayor aventurero que amanece en horizontes lejanos y convive con individuos fascinantes, todos tienen/tenemos una novela atractiva inspirada en nuestra vida.
No. Creo que en estos últimos días tengo un problema de sintaxis, de bloqueo léxico, de naufragio comunicativo.
Ayer desistí de escribir una nueva columna en mi muro de Facebook. Quise aprovechar la mañana para cortarme el pelo. Un joven magrebí, amable, educado, con una mirada dulce llena de esperanza, me atendió en su negocio. Había acudido sin rumbo en busca de una peluquería. En las dos primeras que encontré, ambas con unos carteles que anunciaban Peluquería mixta. Mujeres y hombres, me solicitaron el número de cita previa. «No tengo», les dije. «Hoy será imposible», me respondieron.
Deambulando me topé con un local mínimo en el que, tras esperar unos diez minutos, Mohamed me arregló el pelo en cinco. Perfecto. El joven artesano de la tijera trató de iniciar conversaciones ligadas a la actualidad el momento. «Sigue la tractorada. El problema es la competitividad de los productos españoles con los que vienen de Marruecos o de Hispanoamérica. Si tuviéramos que pagar un precio que resultara rentable a los agricultores, tendríamos que estar dispuestos a abonar mucho más dinero. En España los vegetales son caros y los sueldos bajos», aseguró.
El peluquero metía baza con educación, respetando las opiniones del cliente al que estaba atendiendo. Es de agradecer que al menos no cayéramos en la tópica charla de ascensor, en la que la temperatura o el clima ocupa el ochenta por ciento de las conversaciones de los vecinos.
¿Qué ha quedado de las tertulias de las barberías que años atrás eran tan interesantes y amenas como las de los cafés literarios?
El peluquero, si no había otros clientes, oficiaba como un confesor al que podías contar tus miserias e inquietudes, con la seguridad de que intentaría comprenderte sin juzgarte.
Si había varios clientes en el local, entonces el barbero oficiaba de moderador intentando que los contertulios polemizaran con mesura y educación.
¿Qué ha ocurrido con aquellas conversaciones de la peluquería? Quizás estemos ante otro síntoma más de la sociedad que estamos construyendo. Sólo hablamos para que nos den la razón y rara vez manifestamos opiniones fuera de un contexto en el que no estemos seguro de no disentir ideológicamente. Al acabar su trabajo, solicité pagar al artesano con un billete demasiado grande. No tenía cambio. «Espera, voy a tomar un café y regreso para abonarte mi deuda», le aseguré.
Volví al rato y pagué. Me devolvió una enorme sonrisa de gratitud, no sé si tranquilizado por mi regreso para saldar mi deuda, o por los dos euros de propina con los que agradecí su confianza.
Volveré. Seguro que el muchacho tiene una historia interesante. Mohamed habla un español correcto. Quizás ya haya nacido en España y se haya formado en nuestro país. Sólo unos mínimos rasgos étnicos podrían delatar su origen norteafricano. Ni su habla ni su indumentaria moderna y europea difiere de la de cualquier joven palentino de su edad.
Me alegra vivir en un sociedad plural, multiétnica y multicultural donde nos respetemos y caminemos en búsqueda del bienestar propio y el de nuestras familias. A final, me ha salido una nueva columna.