Es como mirar a través de un espejo retrovisor con la vista siempre fija en la misma perspectiva. La mayoría, por muy lejano que tenga el pasado, lo ve con mayor claridad que el presente. Pero el que puede, se esforzará en no apartar la vista del futuro, con el que se atreve a intimar e idealiza con el referente más inmediato. Pero los "peros" abundan, y emprender una faena o soñar con nuevos proyectos ya es misión imposible. Aquella fuente de enérgica alegría, simplemente al hacer una lista de previsión para un viaje, es harto difícil.
Los interrogantes, dependiendo del día y más a menudo de lo deseable, se acumulan machacones en la mente que, por otra parte, si creemos que tenemos capacidad para saber lo que pensamos, queremos o nos molesta, no deberíamos tener reparo en reivindicar nuestros derechos, pues parece que, por cumplir años, tengan que menguar; existiremos, sí, pero como seres inútiles, y lo mires como lo mires, es muy injusto. Cuántas veces no habrás oído: «Cállate, abuelo, que patinas». Claro que patina, pero por la fragilidad e inestabilidad de sus piernas y por donde obligado ha de caminar. No poder salir de casa tiene efectos devastadores.
Los mayores somos un colectivo enorme, el más grande que formar se puede dentro de una sociedad. Nos faltará tiempo, estamos seguros de ello. Pero también mucha gente, más de la que se piensa, de todas las edades y órdenes sociales de la vida, no sabe qué hacer con su tiempo. ¡Lástima! Es cierto que el manejo de las redes sociales ha pillado a muchos a destiempo. Con motivo de la furiosa DANA, he leído esta acertada sentencia: «Los mayores no pueden depender de un maldito mensaje de móvil; es un problema generacional». ¡Y tanto! Debemos entender la situación y movernos. Pues, ante esto y en la forma de avisar, las autoridades deben ir por delante para prevenir a una población que carece de fuerzas ante posibles riesgos en caso de algún otro desastre. La vida la marca la incertidumbre del día a día, pues en cualquier momento se pasa de una frontera a otra, aunque, cuando se llegue, no se reconozca la bandera. Estamos obligados a caminar en círculo y nadie nos escucha.