En la noche más mágica del año, cuando los Reyes Magos recorren el mundo repartiendo ilusiones, hay rincones de España donde su tarea se ha vuelto cada vez más ligera. En Palencia, el declive demográfico ha reducido drásticamente la lista de niños a los que llevar regalos. No es una exageración: en 2023, 123 municipios de esta provincia no registraron ni un solo nacimiento, y en más de la mitad de los pueblos apenas tienen por qué detenerse.
¿Cómo explicamos a Melchor, Gaspar y Baltasar que hay siete municipios donde no ha nacido ningún niño en este siglo, y otros 15 en los que solo ha llegado uno en 23 años? Estos datos, recopilados por el sociólogo Javier Gómez Caloca, reflejan una situación tan extrema como inquietante. Los pueblos vacíos no solo han dejado de ser destinos para los camellos reales; también han perdido el bullicio de las familias, la risa de los niños y, con ello, la magia de estas fechas.
La noche de Reyes debería ser una celebración de la vida, pero en 80 municipios palentinos solo hubo funerales en 2023, mientras que en 36 no se registraron ni nacimientos ni defunciones. ¿Qué queda por celebrar si por cada nacimiento se producen 2,8 defunciones? Esta noche, miremos más allá de los regalos y las cabalgatas, y pensemos en cómo devolver a los pueblos la vida que han perdido. Es cierto que este problema no es nuevo ni exclusivo de Palencia, donde las oportunidades laborales, educativas y sociales de las grandes ciudades han actuado como un imán, atrayendo a generaciones enteras y dejando atrás a una población envejecida y mayoritariamente masculina. Esto ha reducido drásticamente la presencia de mujeres en edad fértil, como advierte el sociólogo de cabecera de Diario Palentino.
Sin embargo, contamos con alguna pista sobre el rumbo que podría tomar, al menos en parte, la solución a este problema. En 2023, más del 14% de los nacimientos en Palencia fueron de madres extranjeras, a pesar de que representan solo el 6% de la población. Son las familias inmigrantes las que mantienen abiertos colegios y tiendas en algunos pueblos, pero no basta con depender de ellas. Hace falta una estrategia integral que revitalice el medio rural y permita a las familias planificar su vida con seguridad y esperanza.
Por eso, el verdadero regalo que los Reyes Magos podrían traer este año no cabe en un camello ni en un saco de oro, incienso y mirra. Es un compromiso serio por parte de las administraciones para combatir la despoblación con medidas efectivas. Incentivos económicos para familias, mejoras en servicios públicos, políticas de conciliación y apoyo al empleo rural son claves para detener esta hemorragia demográfica.