La celebración para honrar a Don Carnal no es ni mucho menos algo nuevo, y eso lo saben muy bien en Aguilar de Campoo. Amén del más que reputado Carnaval de la Galleta, la localidad norteña extiende su tradición carnavalesca hasta mucho antes de la Guerra Civil (fecha a partir de la cual se prohibió), cuando los vecinos elaboraban sus disfraces con materiales que iban desde pieles de animales hasta telas de sacos. En aquellos años, la villa galletera acogía una fiesta con un fuerte carácter de unión y en la que los protagonistas eran los denominados zamarrones y mascaritos, los cuales, ayer, volvieron a pasear por el casco histórico.
La asociación Arco Amigos del Patrimonio de Aguilar se propuso recuperar en 2017 a estos personajes de la cultura popular de la mano de un pasacalles, por lo que, cada año, decenas de personas disfrazadas recorren los cuatro barrios históricos de la villa como otrora hacían las generaciones pasadas durante el Antroido. Cabe señalar que esta cita cuenta desde 2023 con la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC).
Tras visitar El Puente, El Portazgo, El Pozo y El Soto, un grupo de unas 50 personas disfrazadas de zamarrones y mascaritos confluyó en la plaza de España, donde tuvo lugar la parodia del Doctor Bombasi, una cita que se mantiene inalterable con el paso de los años.
Como acto final, se llevó a cabo la quema del pelele, un personaje que representa «lo malo» del pasado año y aquello de lo que los vecinos quieren desprenderse. En esta ocasión, se optó por Donald Trump, si bien en el siglo XX este rito estaba dirigido al entorno cercano del municipio. «Ahora se procura no hacer algo tan personal», concretaron desde Arco.
Antes de la quema, los vecinos tuvieron la oportunidad de manifestar sus reivindicaciones en forma de coplas, las cuales recogieron también una serie de mensajes de optimismo de cara a la primavera. «Desde los primeros años hemos ido creciendo. Comenzamos siendo diez los que nos disfrazábamos y ahora hemos alcanzado un número estabilizado», aplaudieron desde Arco, que ha conseguido mantener en la actualidad el rito que antaño se hacía en el pueblo para honrar a Don Carnal gracias a la información obtenida a partir de entrevistas personales con los mayores de la villa. Al mismo tiempo, el colectivo alabó el aumento en la participación de los vecinos cuando los zamarrones y mascaritos pasan por sus viviendas.
Y es que la hermandad y la importancia de compartir son los dos pilares sobre los que se sustenta este rito, tanto el pasado siglo como en el presente. «Al final, el objetivo es terminar todos en comunidad», subrayaron.
Cabe destacar que, como novedad, al pasacalles de este año se sumaron alumnos del colegio de SanGregorio de la localidad, quienes la pasada semana realizaron varios talleres de máscaras, y otros tantos miembros de un colectivo de refugiados con sede en el municipio.