"Saqué muerta a una amiga de mi madre entre escombros en 2007"

J. Benito Iglesias
-

Vivió en la calle Gaspar Arroyo y la explosión de gas de 2007 tocó de cerca la casa familiar. Lidió fuegos y tragedias 36 años de bombero y fue entrenador de fútbol base. Ya jubilado, pasea, atiende a su padres mayores y disfruta de su única nieta

"Saqué muerta una amiga de mi madre entre escombros en 2007" - Foto: Óscar Navarro

Sin prisa pero si pausa y siempre con una sonrisa. Así afronta Valentín Merlo Rande (Palencia, 8 de abril de 1963) el devenir diario, entre luces y sombras, que de todo ha habido a lo largo de su vida. Transmite tranquilidad por los cuatro costados, fruto sin duda de sus muchos años gestionando equipos de fútbol desde el banquillo y fuera de él. «aprendiendo a ganar y a perder», junto a los avatares como bombero, profesión en la que vivió numerosos momentos duros en los que hay que mantener la cabeza fría.

Pasó sus primeros meses en el paseo de Faustino Calvo, en la subida al monte el Viejo, hasta que sus padres -Valentín y Juana, hoy con 95 y 89 años, respectivamente- se trasladaron a un piso en la calle Gaspar Arroyo con vistas al Carrión. De su etapa infantil, siendo el mayor de cuatro hermanos, todos son buenos recuerdos entre juegos y amigos. «Apenas había coches en ningún lugar de la calle salvo tres contados al  final, junto a la sala de juegos de la Maxi. Los aparcaban allí para que todos los chiguitos jugásemos al tocalé, entre otras diversiones, en nuestra zona y la plaza de Cervantes junto a la catedral. Como vivíamos al lado río, era nuestro principal lugar de recreo. Las madres salían al balcón y nos gritaban para que volviéramos a casa y en el Carrión pescábamos y jugábamos al escondite todo lo que podíamos y nos dejaban los estudios y los padres. La mayoría de los niños del barrio acudíamos solos al colegio Blas Sierra y no recuerdo, salvo en párvulos, que nadie nos llevara a clase», explica con la  picardía acumulada en sus primeros años de vida.

Una vez terminados los estudios de Enseñanza General Básica (EGB) a Tinín le surgió un empleo y, pese a que intentó estudiar en el turno nocturno electricidad del automóvil, no pudo compaginarlo. «Entonces tenía 14 años y empecé en pinturas y decoraciones Recio.  A mi me gustaba el oficio y salíamos bastante fuera de Palencia a realizar varios trabajos y de aquella etapa recuerdo una huelga general de albañiles y que nosotros seguimos trabajando», señala.

"Saqué muerta una amiga de mi madre entre escombros en 2007" - Foto: Óscar NavarroAhí llegó su primer contacto competitivo con el mundo del fútbol, en este caso como jugador, primero en escolares y luego en el Polideportivo San Antonio. «Estuve tres años hasta los 16 en infantiles porque entonces no existía la categoría cadete. Apenas podía entrenar por el trabajo y me fui a la Peña del Real Madrid, al equipo de regional de aficionados jugando allí un par de años. Luego llegó el servicio militar y dejé de jugar aunque empecé a estar vinculado al fútbol sala», detalla.

CAMBIO A BOMBERO. Al regresar de la mili aún le esperaba su trabajo en Pinturas Recio dos años más. Su padre, que era bombero, le recomendó que se sacase el carné especial para conducir vehículos pesados, ya que se podía obtener a partir de los 22 años y, de esa forma, continuaría la saga familiar en el cuerpo municipal. «Entonces se ganaba mucho más dinero en la construcción y en varias empresas que de bombero o policía local y poco gente optaba a la oposición. Por el contrario, había un turno bueno y al realizar 24 horas seguidas de trabajo acumulabas varios días libres. Las pruebas físicas eran distintas aunque duras. El actual nivel de exigencia es mayor porque se presenta mucha gente y, a lo mejor, aunque tú saques un 8 otros llegan a un 9. El examen es similar, salvo que ahora ya no hay que trepar por una cuerda, pero lo que ocurre es que tienes que ser el mejor entre muchos aspirantes a una plaza. Estuve seis meses  de interino y al salir la oposición pude obtener con 23 años la plaza fija y hubo gente del grupo que empezamos que se quedó por el camino», apunta.

Después de poco más de dos décadas atendiendo todo tipo de salidas y emergencias, llegó sin duda su momento más duro a nivel profesional: la explosión de gas de la calle Gaspar Arroyo, el 1 de mayo de 2007. «Me tocaba de retén y estaba en la cama cuando me localizaron con el busca a las cinco y media de la madrugada. Al llamar al parque por teléfono un compañero me dijo que se habían caído cinco pisos por una explosión en la calle Gaspar Arroyo y me colgó para llamar al resto de efectivos. La incertidumbre y el miedo inicial fueron enormes porque en el número 5, aunque la fachada daba al río, vivían mis padres -que a día de hoy siguen allí- con dos de mis hermanos y el restante muy cerca de ellos. Llegué al parque y cogí un camión con otro compañero y tuve la suerte de ver a mi hermano nada más llegar, le pregunté y el resto de la familia estaba bien, subiendo todo el mundo hacia la catedral. Fue tranquilizador porque no era en el bloque de mis padres, evidentemente. Después, cuando vi la magnitud de la tragedia fue terrible porque conocía a muchísima gente desde niño que falleció. Era noche cerrada y tuvimos que iluminar y empezamos a ver la magnitud de la tragedia y a sacar gente de los escombros. Desgraciadamente, no pudimos rescatar con vida a los nueve fallecidos. Uno de los cuerpos que más pena me dio hallar y rescatar fue el de una íntima amiga de mi madre, con la que iba a andar todos los días, y eso siempre te marca», rememora con un rictus de tristeza.

EL FÚTBOL BASE DESDE EL BANQUILLO. Al margen de la profesión, a Tínín Merlo -que siguió como jugador en el torneo de fútbol sala del Patronato Municipal de los Deportes y en fútbol once en la competición de equipos de empresas- le empezó a tirar mucho ser entrenador a partir de los 31 años. «En el 94 Toño Marcos creó el Atlético Palencia CF y allí empecé para luego estar un año con Toño Garrido. Y de ahí pasé a estar otras cuatro temporadas en el CD San Juanillo, con mi buen amigo Carlos Sambade de rival entrenando al CF Palencia, y fue un ciclo extraordinario. La etapa más larga y fructífera fue durante once años en Club Internacional de la Amistad (CIA) y sus creadores, Javier Pajares y Juan Carlos Revilla, me trataron siempre muy bien. Estuve de asistente en el equipo de aficionados y el de liga nacional juvenil con Jesús Márquez, José Luis Martín y Jhonatan Prado y también dirigí equipos de secciones inferiores de benjamines y al  conjunto alevín, con el que quedamos campeones de Castilla y León en la temporada 2008-2009», desgrana. 

Y como aún le quedaban palos por tocar, tuvo una incursión en el  ámbito del fútbol femenino dirigiendo al Palencia CF en 2010, y un año después, en 2011, con Juan José Rodríguez de presidente y él como tesorero formaron el CD Palencia Balompié, que años más tarde lograría el ascenso a Segunda B partiendo de la categoría regional provincial. «Estuve hasta 2013 y cuando el  que fuera destacado jugador del Palencia, el burgalés José Manuel Molinero, fue fichado como entrenador, no se pudo sentar finalmente en el banquillo por problemas con su anterior club y yo me hice cargo del equipo. Aún me faltaba entrenar a un equipo femenino en regional y en 2014 regresé al CD San Juanillo. Ahí es donde abandoné los banquillos», apunta.

"Saqué muerta una amiga de mi madre entre escombros en 2007"Y no lo hizo por poner fin a una etapa apasionante que compaginó con su oficio de bombero, sino por motivos de salud. «Me detectaron una afección pulmonar grave que no me permitía seguir y cuando me recuperé mucho tiempo después desgraciadamente mi mujer, Amparo, sufrió un cáncer y en dos años, cuando ella tenía 55, falleció. Intenté volver al CD San Juanillo y estuve medio año más, digamos que por evadirme un poco, pero no seguí al no permitirmelo las circunstancias familiares. Mi hijo Roberto ya vivía con su pareja pero Nerea, la pequeña, estudiaba y residía conmigo en casa. Fue una época mala y ya dejé definitivamente de ser entrenador de fútbol», lamenta sin poder evitar la emoción ante lo que supuso una etapa muy dura de su vida familiar.

En lo positivo de su etapa deportiva, quedan las muchas amistades que hizo en y los buenos momentos que vivió en distintas etapas y clubes. «Al Palencia de los últimos años, en el estadio Nueva Balastera, yo era el único aficionado que le iba a ver entrenar cuando podía. Conocí como técnicos e hice cierta amistad con Pepe Calvo, Alfonso del Barrio y Ramón Calderé, en la última etapa de Chema Torres como presidente antes de desaparecer el club. Me encantaba todo lo que rodeaba al mundo de fútbol, no por ganar ni perder. Entonces, lo que yo veía me ilusionaba y aprendía viendo entrenar a otros compañeros, de los ojeadores y del contacto con los chicos, porque la competición en sí a veces es un poco trágica. Y, luego, está el entorno cercano de los padres, con los que a veces hay que apaciguar ánimos, aunque yo nunca tuve problemas con nadie. Ellos sabían que si no les gustaba mi trabajo el puesto de entrenador estaba a su disposición si lo querían», revela.

En julio cumplirá tres años como jubilado del Cuerpo Municipal de Bomberos y la familia es una de sus prioridades. «La única nieta que tengo de mi hijo mayor, Nicolle, de tres años, me tiene loco y paso tiempo con ella, al igual que con mis padres, que son ya mayores, a los que voy a ver dos o tres días a la semana. Un  hermano, Virgilio, reside con ellos y eso me tranquiliza», expone.

Y, además, hace poco Tinín, tras siete años viudo, ha encontrado una pareja, Diana, con la que convive y ha recuperado la ilusión. «Residimos en Laguna de Duero, pero vengo mucho a Palencia. En el pueblo vallisoletano tengo a 200 metros el campo de fútbol y cuando paseo no puedo evitar parar y ver entrenar a los niños», concluye este futbolero confeso.