Con la memoria intacta, viendo la tele y leyendo a diario a veces sin usar gafas -pese a una catarata ya operada -María Purificación Pérez Llanos recibe a los periodistas con una sonrisa pícara y una salud envidiable. Reprende con cierta sorna a su hija María Jesús, ya que dice que no la ha avisado de que la prensa venía a verla el día de su flamante 110 cumpleaños, para ponerse después de pie y dirigir sus pasos firmes a una sala de visitas. Allí la espera una suculenta tarta con una cifra imposible para el común de los mortales, junto a un bonito ramo de flores para la sesión fotográfica.
«Hace unos días tuvimos que ir al centro de salud de La Puebla ya que mi madre se dio un golpe en la mano, con una fuerte inflamación. Cuando supieron la edad que tenía no se la creían y salieron a verla médicos y personal de urgencias de todas las consultas. Se nos va una estrella que ha pasado por aquí, nos dijo con emoción una de estas personas al irnos», afirma su hija María Jesús sin ocultar orgullo familiar.
Quizás lo del calificativo de estrella la viene de perlas -ya que nada menos que once décadas de vida la contemplan- porque no mucho después de venir al mundo el 28 de marzo de 1915, en la localidad vallisoletana de Cuenca de Campos, limítrofe con la provincia de Palencia, surgió su afición por el baile y la música que forjó unas piernas sólidas que, a día de hoy, mantiene para dar largos paseos por su casa. «En el pueblo, cuando había baile, estaba en él muchas horas y seguía bailando en el salón de casa un día y otro día. Pasé una infancia muy feliz y estuve seis años en Villarramiel viviendo con una tía ya en tierras palentinas, antes de casarme. Tuve ocho hermanos y cinco seguimos vivos, mientras el resto murieron por la gripe española», explica con una memoria precisa sobre la gripe española, una mortal enfermedad entre 1918 y 1920 que causó miles de víctimas.
La vida de María Purificación tuvo un largo recorrido por Tierra de Campos, como el que hizo durante años su marido ferroviario, Segundo de la Cuesta -fallecido hace 23 años cuando tenía 87- con en el que se casó a los 28 años. «Trabajaba de interventor en el ferrocarril Secundario y vivimos en Villalón de Campos, en Medina de Rioseco y Valderas hasta que llegamos a Palencia para quedarnos. Mis padres seguían en Cuenca de Campos y yo iba a verles en el Secundario ya que teníamos un pase y no nos costaba nada», rememora.
Y en esa etapa vivió la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española, y al concluir esta en 1939, también la Segunda Guerra Mundial hasta 1945. «En la guerra española un hermano de mi madre era el alcalde de Villarramiel cuando yo estaba allí y fueron a tomar el Ayuntamiento. No lo detuvieron entonces, pero, por un mal querer, luego pasó casi un año preso y murió en Palencia», explica con tristeza.
Esta emoción la mantiene al recordar la muerte hace seis años de uno de sus cuatro hijos, Julián. María Jesús -que la cuida con mimo a diario junto a su marido- y su mellizo Segundo, además de Ricardo. «siguen siendo lo mejor que tengo y me ha pasado en la vida», apunta la más que centenaria, al tiempo que explica que «yo los cuidé mucho y ellos me cuidan ahora a mí», se congratula.
EL SECRETO PARA SEGUIR VIVA. María Purificación podrá soplar de nuevo mañana -tras hacerlo ayer- 110 velas junto a sus hijos, diez nietos y 16 biznietos con una vitalidad envidiable que contagia. «Me gusta vivir y dejar vivir, como de todo, con especial atención a los huevos fritos, no me duele nada y nunca estuve enferma», asevera, al tiempo que su hija añade que toma una pastilla para la tensión y solo se rompió la cadera al caerse en casa a los 90 años, con una rápida recuperación que confirma al ponerse de pie sin ayuda y caminar.
Como si hubiera ejecutado de joven algún baile a ritmo de rock and roll brillando en la pista, lo de ser una estrella no le es ajeno a esta mujer de longevidad bien llevada. «En la pandemia, el 28 de marzo de 2020, al estrenar 105 años, los vecinos me hicieron salir al balcón y pusieron un altavoz en la plaza para cantarme el cumpleaños feliz. Además, cada verano que paso con mi hija y su marido en Comillas, los vecinos de allí me organizan una fiesta para que pueda celebrar con ellos un año más de vida», concluye.