Cinco años después del primer toque de queda decretado en España para frenar la propagación del coronavirus, la pandemia parece un episodio lejano en la memoria colectiva. Sin embargo, para algunos palentinos, la palabra covid sigue evocando pesadillas. A pesar de que las mascarillas han quedado en un segundo plano y la vida ha recuperado su curso normal, el impacto del virus sigue presente en la sociedad, especialmente para quienes padecen covid persistente.
Sanidad estima que entre un 5% y un 8% de quienes contrajeron la enfermedad sufren sus secuelas a largo plazo. La denominada covid persistente cuenta con más de 200 síntomas identificados y sigue sin tratamiento efectivo. Aunque muchas personas han aprendido a sobrellevar sus alteraciones, los casos más graves requieren atención continuada. En el Complejo Asistencial Universitario de Palencia (Caupa), una media de dos personas semanales con esta patología son atendidas por el servicio de Medicina Interna.
Los datos oficiales revelan que el 14,81% de las muertes en la provincia desde marzo de 2020 corresponden a personas infectadas con coronavirus en los tres meses previos a su fallecimiento. De las 11.400 defunciones registradas en Palencia en estos cinco años, 1.689 estuvieron relacionadas con la enfermedad. La mayoría de los fallecidos (70,34%) tenían más de ochenta años, lo que evidencia la vulnerabilidad de los mayores frente al virus. A día de hoy, el Caupa y otros complejos hospitalarios de la región logran mantener a raya el virus, sin ingresos en planta ni en unidades de cuidados críticos. No obstante, la pandemia dejó una huella imborrable en la sanidad local: en el hospital palentino murieron 1.223 personas con covid, mientras que 4.993 lograron superar la enfermedad. Estos datos reflejan la magnitud del impacto que el coronavirus tuvo en la provincia.
A pesar de que la emergencia sanitaria quedó atrás, el recuerdo de aquellos días de incertidumbre y confinamiento sigue presente. La crisis sanitaria puso a prueba la resistencia del sistema de salud y la fortaleza de la población, que ahora enfrenta el reto de convivir con las secuelas de una pandemia que, aunque parece superada, dejó marcas imborrables en la sociedad.
Ahora, cinco años después, la sociedad ha aprendido valiosas lecciones sobre la importancia de la prevención, la investigación científica y la solidaridad en tiempos de crisis. La pandemia demostró la capacidad de adaptación de la humanidad y la necesidad de fortalecer los sistemas sanitarios para hacer frente a futuros desafíos. Aunque el covid ya no domina el día a día, su legado sigue presente en cada aspecto de la vida cotidiana.