Regreso forzado ante la amenaza miliciana

David Herrero (ICAL)
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La carmelita misionera teresiana Ana Isabel Gento pisa suelo palentino después de complicarse la situación en la ciudad de Goma (República Democrática del Congo) por la acción armada del grupo rebelde M-23

La carmelita misionera teresiana Ana Isabel Gento lleva a cabo su labor humanitaria en Goma. - Foto: ICAL

Tranquila. Así se siente la carmelita misionera teresiana Ana Isabel Gento una vez que pisa suelo palentino tras haber tenido que salir de manera forzada de la República Democrática del Congo tras el recrudecimiento del contexto político y social en la zona. La causa, el conflicto bélico que afecta al este del país ocasionado por la acción del Movimiento 23 de Marzo (M-23), que actúa como un grupo armado y rebelde. «Estoy tranquila al haber regresado a España, que es un país que no está en guerra a diferencia de lo que se vive allí».
«Al llegar aquí y mirar el telediario me pregunto si me he inventando todo o si he vivido en otro planeta, porque no aparece ni una sola mención, lo que ciertamente es penoso que no se conozca, pero también haberlo vivido. Me ha costado mucho dejar el Congo, porque se queda mucha gente sufriendo», asegura a la Agencia Ical.

Reconoce que la situación lleva tiempo siendo complicada, pero ha empeorado a marchas agigantadas en un conflicto que lleva más de 30 años en activo, porque muchos pueblos cercanos a la ciudad de Goma, donde vivía la hermana, estaban ya ocupados por el M-23, una milicia apoyado por Ruanda, país vecino, debido a su interés por contar con esta zona del Congo que es muy rica en minerales, tales como el oro, coltán, diamantes y otros utilizados para la fabricación de aparatos electrónicos.
A finales de enero, este grupo armado ocupó la ciudad de Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte, situada en la zona Este del país, al Oeste del Gran Valle del Rift, en la frontera con Ruanda; y también llegó a controlar la ciudad de Bukavu, capital de la región de Kivu del Sur. La situación es «preocupante», porque en Goma residían gran número de personas desplazadas en toda la zona de conflicto, las cuales se habían acumulado en la urbe, donde se han producido enfrentamientos y existen cifras altas de fallecidos, que se une a la incidencia de la «pobreza extrema».
«Durante muchos años se nos ha querido transmitir la idea que esta guerra es un conflicto entre tribus, pero va mucho más allá y entran en juego otros intereses». Independientemente de aspectos y condicionante étnicos o sociales, el conflicto radica en la riqueza que hay en la tierra, razón por lo que Ruanda esté muy interesado en ocuparla para ser los que controlen toda la situación, aunque ya lo hagan de «manera anómala».

El miedo y las amenazas han calado entre una población que, pese a todo, se solía mostrar contenta, porque los habitantes siempre respondían que estaban bien, aunque la tónica ha cambiado y ahora dicen que un «poco bien», lo que simboliza los problemas que experimentan a causa del conflicto. «Cuando hablas con alguien en confianza te muestran ese miedo, en mayor medida por los jóvenes, al querer ser introducidos en el grupo armado, lo que deriva en la obligación de esconderse y ser invisibles». A diferencia que las mujeres, usadas durante años como «arma de guerra», porque son el objetivo de las violaciones, asegura.

Problemas nutricionales. La comunidad de Carmelitas Misioneras Teresianas cuenta con un colegio, un centro de salud de referencia -con quirófano-, un centro nutricional y una capilla. Todos ellos están abiertos porque el grupo M-23 «pretende dar una imagen de normalidad», pero lo cierto es que escasean las medicinas ante la falta de transporte y dinero.

La desnutrición crónica afecta a dos de cada cinco niños, lo que se cifra en alrededor de seis millones de menores, donde el 23,1% de los niños menores de cinco años presentan un bajo peso. A mayores, el déficit energético crónico se posiciona en el 14% de las mujeres, dato que sube hasta el 21% en el caso de adolescentes de 15 a 19 años, según traslada la palentina en relación a los datos de acción en el punto.

Lamenta que se reduzcan las ayudas de terceros países, lo que empeora la situación y produce que la falta de recursos sea mayor, como ocurre con los alimentos que ya vienen preparados para intentar recuperar una malnutrición aguda, comenta.

Es por ello que alerta de la proliferación de problemas nutricionales entre la infancia, una problemática que se ha recrudecido tras la eliminación de los campos desplazados ubicados en la ciudad Goma por orden del Grupo M-23, informa Ical.

Trabajo en el terreno. A ese respecto, puntualiza que los milicianos acuden a estos centros en busca de heridos, lo que para ellos significa que son enemigos y, por ende, han estado involucrados en enfrentamientos, pese a que, por norma general, se restringe la entrada a estos puntos de personas con trajes militares, aunque hasta cierto punto, porque eso significa que algunas ocasiones haya amenazas y se pueda desencadenar un desenlace fatal. «Te pueden matar ahí mismo».

Situación ya más que complicada y delicada desde hace tiempo ante la existencia de miles de desplazados en campos de refugiados en la frontera del Congo, pero contenida gracias al apoyo de muchas ONG. Así, la llegada de los rebeldes del M23 ha obligado a huir a estos desplazados, lo que empeoró su estabilidad con multitud de peligros, unidos a la violencia, física y sexual, y la proliferación de enfermedades como el cólera y la malaria, asevera la religiosa.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el numero de desplazados internos es de 6,9 millones de personas en todo el país (cifra más alta registrada hasta el momento), a lo que se suma que el país alberga a más de medio millón de refugiados de estados vecinos.