Su trayectoria en el albero comenzó a finales del pasado siglo, mostrando sus maneras en localidades como Paredes de Nava. Debutó con picadores en el año 2003, en la malagueña Benalmádena, y se convirtió en torero tras tomar la alternativa el día de San Antolín de 2006.
Después de dejar los cosos, el «vacío» que sentía le impulsó a probar nuevos retos, lo que le llevó, por diferentes circunstancias, a ser delegado de equipo en un conjunto de Infantil en Villamuriel de Cerrato, siendo este el comienzo de su nueva faceta como técnico. Pasados unos años, se incorporó al filial del Palencia Cristo Atlético, donde permaneció un lustro hasta tomar las riendas del primer equipo. Actualmente, entrena en las categorías inferiores del Club Internacional de la Amistad.
«Siempre digo que el toro es mi vocación y el fútbol mi trabajo», reflexiona el antiguo primer espada. Y es que Doyague, pese a llevar años alejado de las plazas, rememora a diario su pasión por la fiesta nacional. «Raro es el día que no pego un muletazo», asegura.
Si bien ambas disciplinas presentan grandes diferencias entre sí, el diestro reconoce transmitir los valores del toreo a sus jugadores. «Les hablo de la exigencia, los días claves y muchas cosas más. El ser torero me ha valido como entrenador para apretar y ser consecuente con lo que me traigo entre manos; el toro me ha curtido como persona», detalla.
«En el fútbol dependes de once jugadores, en el toreo dependía mí mismo», apunta Doyague, quien ve en esta circunstancia una de las grandes diferencias entre las dos profesiones. «Cuando estoy en el banquillo, sé lo que quiero ver, pero ese mensaje tiene que llegar al jugador. Delante del toro soy yo y, si me coge, me coge a mí; y si triunfo, triunfo yo», manifiesta.
En cuanto sus referentes, tanto para los de la disciplina futbolística como los del toreo, el matador distingue entre lo que le dice la razón y el sentimiento. «Si hablo con el corazón, diría Guardiola y Morante; y si hablo con la cabeza, el Cholo y El Juli», asegura.
ESCUELA TAURINA. El antiguo matador se ha incorporado en el presente curso a la Escuela Taurina de Palencia como profesor, una decisión que acentúa todavía más su legado en el mundo de la lidia. «Se me da bien enseñar. Es fundamental que cualquier chico que quiera ser torero pueda tener cercanía con un matador de toros», asegura.
El antiguo espada se deshace en elogios hacia la labor de la escuela y, en particular, al trabajo de su director, Juan Cantora. «Esta institución ha dado pasos muy grandes. Saber que a los alumnos les puedes mandar a cualquier lado y que van a cumplir con un nivel profesional bastante alto es una suerte de la que se puede presumir», concluye.