Rodrigo Pérez llega a Palencia para presentar su libro El silencio detenido en el Casino, mañana, a las 19,30 horas. Se trata de una recopilación de fotografías de las diferentes provincias de Castilla y León y de Madrid en plena pandemia de covid-19, cuando las calles y los lugares más emblemáticos de la comunidad y de la capital estaban completamente vacíos por el confinamiento.
¿Qué fue lo que le inspiró a realizar fotografías con esta temática?
Empecé a hacer fotografías la misma noche que nos encerraron. Viendo todo lo que se avecinaba, pensé que Madrid, lugar en el que vivo, iba a estar completamente vacío de coches y de gente, siendo eso mi principal motivación.
Estuve por la capital durante dos o tres días, pero, el trabajo me empieza a cuadrar cuando viajo a Segovia. Al principio, veía que las fotos no funcionaban, aunque, al ir a Segovia, en la que había muy poca gente, y observando que el elemento humano encaja muy bien en las fotos, empiezo a encuadrar el trabajo.
¿Cuál es el lugar que más le impactó ver sin nadie en la calle?
Madrid me impactó mucho. Segovia también, de hecho, la foto del portada del libro es de allí porque era una fotografía bastante buena y considero que Segovia me quedó muy bien por el día que hacía. Otro lugar que destacaría es León, ya que soy de la zona del Bierzo y verlo tan vacío me causó mucha impresión, porque es una ciudad muy social.
¿Y en el caso de Palencia?
Hay mucho elemento humano en las fotografías de Palencia. Una de ellas es una de unas monjas, otra de una persona entre las rejas de una ventana... En este caso, lo que más me atrajo fue cuando la gente salió a aplaudir. Había una chica que cantaba a los vecinos y me llamó mucho la atención ese tipo de cosas.
Un hecho en el que hace bastante hincapié en el libro fue el partido de Champions entre el Liverpool y Atlético de Madrid el mismo día que se decreta la alerta mundial por covid-19, ¿cómo se vivió en Madrid?
Estuve a punto de ir a Liverpool a ver el partido, incluso amigos míos llegaron a ir. Hubo mucha polémica acerca de si el encuentro se debería haber o no celebrado. El recuerdo que tengo es bajando por una de las calles de Madrid con mucho ambiente. Daba la sensación de que la gente no parecía darse cuenta de la que se venía encima. Yo trabajo para temas médicos y veterinarios y esa gente sí tenía más información, sabiendo que en dos días nos encerraban. Eso se lo decías a la gente y te miraban como si fueses de Marte, por así decirlo.
En ese sentido, a Madrid la veía con vida, imagino que todo fuese por dentro. Una persona que viniese de fuera, la vería completamente normal con un poco de runrún, pero por algo que aún no había llegado. Cuando estaba viendo ese partido, en ningún momento me imaginé que en cuatro días iba a estar absolutamente todo cerrado.
Quizá, una de las fotografías más llamativas que tiene en el libro es la Puerta del Sol el 31 de diciembre de 2020 completamente vacía... ¿qué sintió al verla así?
Para cubrir ese tipo de eventos siempre te tienes que acreditar, ya sea con o sin gente. Me fui unas horas antes para recorrer el centro y, el hecho de ver los vacíos los alrededores, un lugar que tendría que estar abarrotado, ya impactaba.
Tuve problemas para entrar a la Puerta del Sol porque me dijeron que el permiso no era el adecuado. Al final, uno de los policías me terminó dejando pasar. Había muy poca gente: prensa, bomberos, policía y poco más. Llama mucho la atención ver un fin de año de esta manera. La foto que hice fue buena porque me pilló cuando los bomberos se abrazaron y yo estaba detrás, con el fondo de 2021. También, creo que fue un poco de suerte fotografiar ese momento justo. Es una imagen que uso para cerrar el libro.
¿Encontró muchas dificultades a la hora de moverse por las diferentes provincias?
Al trabajar para una agencia de comunicación, lo único que tenía que hacer era hablar con mi empresa y decirles los lugares a los que necesitaba viajar, me firmaban un papel y, con eso, ya podía moverme.
El mayor problema fue dónde dormir cada noche. Al principio los hoteles no estaban abiertos, por lo que me tocó dormir varias veces en el coche. Luego fue más fácil, porque ya había más opciones. Incluso, dónde comer también era difícil.