«Si me operan, prefiero que el cirujano haya leído El Quijote»

Pablo Torres
-

El novelista y poeta Benjamín Prado presentará mañana en la biblioteca (19 horas) su último libro, 'El anillo del general'. Es la séptima obra protagonizada por su personaje más reconocible, Juan Urbano. El acto está promovido por la librería Ateneo

Benjamín Prado - Foto: DP

La nueva Ley de Memoria Histórica sirve a Benjamín Prado para escribir una nueva aventura de su célebre personaje, el profesor Juan Urbano. Así, El anillo del general ofrece una visión sobre la España actual y la dictadura argentina de 1987.     

Parece casualidad que presente mañana El anillo del general dado el momento en el que se encuentran las relaciones entre España y Argentina
La novela sirve para recordar que lo normal es que España y Argentina sean el mismo país en dos lugares distintos. Para lo bueno y lo malo, la historia común es enorme.

A veces cometemos la tentación de exagerar las dificultades legítimas de una democracia. Hemos salido ganando por bastante. Milei puede ser Milei, pero no es la Junta Militar Argentina. 

Se puede apreciar un tinte de denuncia en su novela
No sé si utilizaría la palabra denuncia, pues detesto las obras ideológicas. Cervantes nos enseñó que las novelas no funcionan solo con un Quijote, hace falta un Sancho Panza. 

Necesitamos diferentes visiones sobre un mismo tema para que la literatura se asemeje a la realidad. La gente tiene sus partidos, banderas,  gustos, etc. Mientras se mantengan dentro de los límites de lo aceptable, no hay ningún problema; incluso son bienvenidos, porque de la discusión nace la idea. 

Lo que sí mantengo desde el principio es un afán justiciero. Una cosa es avanzar pasando las páginas de la historia y otra arrancarlas. 

En mi novela trato una canción muy famosa en Argentina cuyo estribillo dice lo siguiente: Si la historia la escriben los vencedores entonces había otra. Esa otra historia es la que quiero contar con la serie de libros de Juan Urbano. 

¿Diría que conocemos el pasado tal y como fue?
No, porque no se enseña a los niños. Uno de los grandes agujeros de nuestra democracia es que no somos capaces de llegar a un pacto educativo que se pueda contener en la Constitución para que no lo cambie cada ministro a su gusto. 

Estamos en un mundo en el que ha desaparecido la cultura general para sustituirse por la especialización. La gente solo quiere saber sobre aquello a lo que se va a dedicar. Si me van a operar, yo siempre preferiré que el cirujano haya leído El Quijote, porque considero que así será mejor cirujano. 

Luego llega un candidato a la Presidencia del Gobierno y dice en Badajoz que le encanta Andalucía, pregunta si Picasso era catalán, o dice que Huelva es una ciudad preciosa del Mediterráneo. En vez de llenarse la boca de patriotismo deberían conocer su país, que tiene una riqueza cultural y geográfica que tendríamos que estar orgullosos de defender. 

Muchos auguran que la democracia corre peligro en la actualidad. ¿Usted lo ve así?
Hay un peligro evidente que es el auge de la ultraderecha. Acabo de leer un libro de Milei donde se dice que consulta las decisiones de Estado con su perro muerto, que ha presenciado la resurrección de Jesús o cómo fue a Estados Unidos para intentar clonar a su mascota.

Es una persona con rasgos de excentricidad, pero que tiene mucho peligro. Las decisiones económicas que está tomando van a llevar a Argentina al abismo. Eso que se llama neoliberalismo ha evolucionado hacia un fascismo preocupante. 

A hilo de lo que comenta, cabe resaltar que la inflación mensual en Argentina ha bajado este mes de dos dígitos (8,8%) por primera vez desde octubre
Si ponemos la salud financiera por encima de la moral, vamos mal. La democracia consiste en no dejar a nadie atrás. El estilo de Milei y sus salidas de tono no justifican ni siquiera una buena inflación.

Más allá de la novela, también ha publicado libros de poesía
Debo ser un tipo muy inseguro que prueba todos los palos hasta ver cuál se le da bien (risas). Cuando tu vida es la escritura, no te importa tanto el género.

Cuando te pones a trabajar en una novela, casi siempre avanzas algo. En un poema, el avance puede ser tachar dos versos.