Uno de cada siete palentinos será de nacionalidad extranjera en 2039, a tenor de los datos publicados en la página web del Instituto Nacional de Estadística (INE). En sus estudios de proyección de población, estiman que la provincia contará en 2039 con 147.167 habitantes, de los cuales 21.836, el 14,84%, tendrá un pasaporte diferente al español. Por su parte, la cifra de nacionales que figura en el análisis en ese año es 125.331, el 85,16%.
El empuje de la inmigración exterior, que provocará que este tipo de población aumente anualmente, no evitará que la cifra de población de dentro de quince años sea, de cumplirse el estudio, inferior a la registrada a la estimación de este ejercicio, que es de 157.659 personas, 10.493 menos que ahora. Entre este dato y el de 2039 hay una diferencia negativa del 6,65% por culpa del descenso del número de españoles, que cae en 18.039 ciudadanos, o lo que es lo mismo, un 12,56% menos. En cambio, los extranjeros aumentarán, si todo sigue como ha previsto el INE, en 7.548 personas, un 52,82% más.
No es la única provincia española en la que calculan un comportamiento similar al palentino. En Asturias,Badajoz, Vizcaya, Cáceres, CiudadReal, Córdoba, Jaén, León,Lugo, Orense, Pontevedra, Salamanca, Zamora y la ciudad autónoma de Ceuta, el crecimiento de la población extranjera será inferior a la pérdida de vecinos españoles y, por tanto, perderán población al final de la próxima década de cumplirse lo previsto.
A nivel nacional, la estimación habla de un incremento de personas procedentes de más allá de las fronteras españolas que sí cubre la caída de nacionales, un fenómeno también indicado en Albacete,Álava, Ávila, Barcelona,Burgos,Cádiz, Cantabria, La Coruña, Cuenca, Guipúzcoa, Granada,Huelva, Huesca, Lérida, Madrid, Navarra, Las Palmas, La Rioja, Santa Cruz de Tenerife, Segovia, Sevilla,Soria, Teruel, Valencia, Valladolid, Zaragoza y la ciudad de Melilla.
Por último, mucho mejores son las previsiones en Alicante, Almería, Islas Baleares, Castellón, Gerona, Guadalajara, Málaga, Murcia, Tarragona y Toledo, donde ambas procedencias aumentarán y, por consiguiente, el total también lo hará.
«Las proyecciones no son un pronóstico del INE. Lo que quieren decir es que si los indicadores de nacimientos y fallecimientos y los movimientos migratorios siguen la dinámica que hay ahora nos llevarían a ese escenario dentro de catorce años, que se puede dar o no. En principio, estos estudios suelen estar bastante acertados», explica el sociólogo palentino Francisco Javier Gómez Caloca.
Respecto a los datos de inmigración exterior de la provincia, opina que no están tan desarrollados como en otros territorios de España porque «Palencia se está incorporando ahora a un fenómeno social que lleva años en diferentes lugares». En este punto, observa que en los últimos tres ejercicios «se está acelerando» la llegada de personas, especialmente de países de América Latina. «Hemos llegado tarde, pero es el que nos está arreglando la evolución demográfica», señala tras declarar que la población que llega del exterior ya está mitigando la caída nacional, que, en el futuro, se seguirá produciendo, bajo su punto de vista, por dos causas, porque está envejecida y porque la cifra de nacimientos continuará siendo inferior a la de fallecimientos.
EL CRECIMIENTO VEGETATIVO. «Los datos que ya son definitivos, los de 2001 a 2024 dejan ver que nos movemos en una cifra de 2.000 fallecidos al año de media y, últimamente, de unos 800 nacimientos. De hecho, el crecimiento vegetativo es negativo en la provincia desde 1987. Además, desde 2016, la diferencia entre muertos y nacidos es superior a mil y, a partir del año siguiente, fallecen más de 2.000 personas anualmente, a excepción de 2023. Y las proyecciones dicen que seguirá está dinámica negativa.Ratifican la realidad ya constatada», declara el sociólogo.
Ante esta cuestión, Gómez Caloca no esconde su preocupación de cara al futuro, puesto sostiene que estas cifras, de certificarse, tendrían también consecuencias en otros ámbitos, como el laboral. «En los próximos 15 años se va a jubilar entre el 40 y el 41% de los que estamos trabajando. Nadie puede decir que en 2039 puede haber el mismo número de empleos, entre otras cuestiones, por la automatización o la inteligencia artificial, pero es evidente que no tenemos población para cubrir ese boquete. Es muy grave la falta de reemplazo poblacional, pero es más urgente y perentorio la laboral», manifiesta.
Además, alerta de que en los últimos años, a nivel nacional, hay estudios que hacen referencia a una vuelta a sus países de origen de búlgaros y rumanos. «La inmigración es un fenómeno circular. La gente se mueve.Algunos se quedan para siempre, pero hay un porcentaje que cuando en su país mejora la situación vuelve. Por tanto no podemos dar por sentado que, en el futuro, los inmigrantes vayan a solucionar el problema del mercado de trabajo. Los españoles que fueron a Alemania volvieron», sostiene el sociólogo palentino, quien piensa que es necesario «una política de todas las administraciones».
DIFÍCIL SOLUCIÓN. Gómez Caloca comenta que mejorar el crecimiento vegetativo es complicado, pero cree que hay que apostar por la natalidad, el empleo, la aportación de la inmigración y políticas de vivienda. «Hay que trabajar en muchos aspectos», declara tras recordar que el modelo de sociedad ha ido cambiando con el paso del tiempo.
«En los años 40, la gente tenía hijos porque era la mano de obra del campo, ya que era el sector más potente era el agrario y el ganadero. A continuación llegó la industrialización y la gente se fue a las ciudades y, por último, viene la sociedad de los servicios, en la que trabajan los dos miembros de la pareja y hay que pensarse mejor tener hijos. Ahora a la gente le cuesta más decidir si tener hijos o no», añade.
Por último, subraya que el aumento de la natalidad por sí sola no solucionaría el saldo vegetativo en la actualidad, pero no otras cuestiones, como el reemplazo laboral, hasta la próxima generación. «Los nacidos en 2025 no empezarían a trabajar hasta más allá de 2044», concluye.