Álvaro Gutiérrez Baños y los hermanos Carlos y Juan del Olmo García son los tres arquitectos que están detrás de la transformación de las ruinas de la antigua iglesia de SanPedro de Becerril de Campos en lo que cada vez más gente conoce (por eso de la afluencia cada vez más numerosa de público y turistas) como San Pedro Cultural.
Explican que son amigos y que, «de vez en cuando nos juntamos» para llevar a cabo colaboraciones «excepcionales y especiales» porque sienten «una sinergia desbordante» en el momento que unen sus ideas. Un buen ejemplo de ello es el edificio becerrileño, del que no se separaron tras la finalización de las obras. De hecho, comentan que, si se da el caso, actualmente todavía siguen enseñando el inmueble a los visitantes que se acercan hasta este punto de la gran comarca de Tierra de Campos.
En primer lugar, ¿cómo les propusieron realizar la rehabilitación de la iglesia de San Pedro de Becerril?
Álvaro Gutiérrez: El Ayuntamiento convocó un pequeño concurso invitando a distintos estudios. Inicialmente, nosotros estábamos en equipos diferentes, o sea, por un lado estaba el de los hermanos Del Olmo y, por otro, yo. Y en un momento dado, cuando ya estaba en marcha todo, hablamos entre nosotros y decidimos unirnos para sumar más. Y francamente nos entendimos muy bien. Teníamos unos avances que encajaban perfectamente y fuimos los adjudicatarios del concurso.
Carlos del Olmo: De las propuestas que hubo, el Consistorio decidió escoger la nuestra para este edificio que ya era municipal. El anterior alcalde,Mario Granda, lo presentó al, por entonces, programa 1% Cultural de los Ministerios de Fomento y Cultura y en la primera comisión aprobaron subvencionar el proyecto.
¿Cuáles eran los puntos tenían en común las propuestas que acabaron por fusionarse?
Á. G.: Aunamos dos sensibilidades en el proyecto y en el resultado final. Por un lado, estaba San Pedro, que era una ruina preciosa, que nos encantaba y que ya la habíamos visitado incluso sin saber que íbamos a tener una vinculación profesional con ella. Simplemente era bonita.Tenía ese aspecto tan romántico que tienen las ruinas cuando están empezando a ser colonizadas por la vegetación y las aves. Entonces, la preocupación que teníamos era que si a partir de un lugar curioso íbamos a hacer un mal edificio.
Y, por otro lado, teníamos una sensibilidad de tipo temático. Queríamos vincular el futuro del inmueble, aunque tuviera diferentes usos, a una temática de por sí. Y propusimos la astronomía. Uniendo ambas cuestiones, conseguimos que el edificio tuviese como resultado que acceder a él fuese como una recreación de la propia ruina de noche. Por ello, el objetivo arquitectónico fue hacer desaparecer el tejado y la pared que le faltaba a la iglesia antes de la restauración.
C. O.: Un punto en común de ambas propuestas era procurar mantener cada ladrillo que nos encontramos y que no se desmontase nada más. Hubo que estabilizar tanto la estructura como los trozos de plementería de las bóvedas o los arcos que estaban a punto de colapsar, pero los cosimos e hicimos tratamientos especiales constructivos para que se mantuviesen. Y en ese aspecto, he de decir que el resultado fue óptimo porque conseguimos que no se moviese ni un solo ladrillo de los que quedaban en pie.
Por el contrario, ¿qué elementos tuvieron que eliminar?
Á. G.: No había añadidos que quisiéramos eliminar. Lo que buscamos era evitar perder más de lo que se había perdido. Lo primero que se hace cuando se entra en un edificio que está inestable, en ruinas, es estabilizarlo y muchas veces pasa por tener que demoler aquello que está a punto de caer. Nuestra máxima era intentar dejar todo y por eso tuvimos que recurrir a medios constructivos que no habíamos hecho nunca. Y francamente se ha conservado casi todo.No se cayó ningún arco de los que estaban en pie.
C. O.: En este punto, destacar que tuvimos que estabilizar la estructura a dos niveles: al arranque de las bóvedas, con unos estribos para montar la estructuras de madera laminada que propusimos encima, y al nivel de las cumbreras, con un nuevo alero que definiese la nueva cubierta, ya que se había perdido en su totalidad. Respecto a la labor de desmontar, tuvimos que quitar un metro de escombros que había en el interior. Además, hubo que realizar una campaña arqueológica antes de la restauración del edificio.
¿Entre las ruinas del edificio se conservaba aún elemento artístico de interés?
Á. G.: Sí, nuestra intención era recolocar todo lo que nos hemos encontrado dentro de la obra, como los relieves con el escudo y la tiara papal y dos lápidas, una de cuales estaba partida por la mitad porque la habían intentado robar. Esta la hemos recompuesto y ahora forma parte del itinerario de San Pedro Cultural.
C. O.: Además, tiene una portada románica del siglo XIIcon varias arquivoltas que es especialísima en el Románico Sur de la provincia y que era un elemento a conservar, al igual que el resto. A los arquitectos no nos gusta decir que es un edificio del siglo XII. Es un inmueble desde esa centuria, pues también tiene un ábside gótico del XV que se reformó en épocas posteriores, una configuración general renacentista y unas bóvedas redecoradas en el barroco. Así llegó al final de su vida útil en la década de los 60 del sigloXX y nosotros le hemos dado el toque del siglo XXI.
¿Los elementos del interior también son idea suya?
Á. G.: Respetamos el interior que había. Dotamos al edificio de una cubierta y de una pared que le faltaba, pero luego hubo que hacer algo de magia para hacerlo desaparecer todo. En el caso del techo, recurrimos a una pintura azul oscura casi negra y a una iluminación led para reproducir el firmamento. En la pared, planteamos un trampantojo, una pintura que da la sensación de desintegración. Para ello, tuvimos la suerte de contar con la gran pintora palentina Ana Calvo, de la localidad de Cevico Navero, que fue la autora del universo de lunas y planetas que se puede ver y la niña que está mirando al infinito.
C. O.: Todos los elementos no estaban en el proyecto inicial. Para hacer el estelario necesitamos más de 200 luces led que se colocaron según un plano. También planteamos la colocación de unos relojes de sol en el exterior, una línea meridiana en cámara oscura que resultó ser la única en funcionamiento en España, ya que hay dos en El Escorial pero están tapiadas. Además, contamos con la colaboración de la Agrupación Astronómica Palentina (AAP), con la que trazamos un analema, y de GrupoInmapa, que diseñó, fabricó y colocó el péndulo de Foucault junto con nosotros.
Por otro lado, hemos contado con la colección de piezas astronómicas e instrumentos de medida del físico Óscar Díez, que las ha cedido allí, y con dos elementos muy especiales que nos dejó el también palentino César García Marirrodriga, que fue project manager en dos misiones de la Agencia Especial Europa (ESA).
También quería mencionar a Stanislaus Erbrink, un ingeniero holandés que ha colaborado mucho en los cálculos.Es un ingeniero holandés que vino a Palencia por trabajo y se casó con una palentina. Es un entusiasta y ha sido un gran colaborador de SanPedro Cultural. De hecho, encontró un trozo del meteorito que cayó en Villalbeto de la Peña en 2004 y lo ha cedido para que se exponga allí. En este mismo sentido, hace cinco meses pasó por San Pedro Cultural una pareja que se había dedicado al espacio y que les gustó la visita, tanto que nos regalaron unas maquetas oficiales de satélites. Y las expondremos.
Por último, tenemos un proyecto con Óscar Díez y con la AAP, que consiste en una mirilla para hacer unas elipses de la precesión de los equinoccios. Poco a poco, iremos implementando más cosas en San Pedro Cultural.
Juan del Olmo.: Lo más importante es que el edificio, cuando no hay ningún evento, ya tiene un contenido.
¿Qué toque personal aportaron al edificio?
Á. G.: Su magia. Creo que era una propuesta que, francamente, no la he visto en ningún otro sitio. Nuestra máxima era reconstruir un edificio en ruinas para intentar dejarlo en ruinas y pienso que lo hemos conseguido. El proyecto creció durante el desarrollo de las obras. Con el estelario o la línea meridiana ya contábamos, pero la colocación del péndulo de Foucault se nos ocurrió estando allí, cuando vimos en el ábside una con un agujero. Y luego ha habido algunos detalles que me han parecido poéticos, como la sorpresa de la hornacina encalada y tapada en una pared. Cuando estábamos acabando las obras nos encontramos con que la restauradora de pintura empezó a limpiar las capas de yeso de este lugar y se encontró con estrellas. Hemos llenado de estrellas una ruina, pero hace 500 años parece que alguien ya había predicho lo que íbamos a hacer, porque aparecieron en esa hornacina unas estrellas rojas medievales de ocho puntas.
C. O.: Incido en aspectos especiales del inmueble, como la iluminación, el tratamiento de los muros y el intentar dejar esa textura especial que tiene.
¿Piensan que se está dando un buen uso al edificio?
Á. G.: Sí. La mayor satisfacción que tenemos es la cantidad de gente que está visitando Becerril y lo que está aportando a la localidad en sí. Es decir, existe un antes y un después en este municipio gracias a San Pedro Cultural. Ha crecido en muchos sentidos gracias a este edificio. Cualquier fin de semana del año hay cien personas visitando el inmueble.
C. O.: O ves a los niños de un colegio mirando las estrellas o emocionándose con el paso del Sol en la línea meridiana. Además, haber conseguido en este décimo aniversario, con una pandemia entre medias, que estemos a punto de llegar a los 200.000 visitantes equivale a que hemos acertado creando un recurso turístico en una ruina, en un ambiente muy especial y tematizándolo hacia la astronomía.
J. O.: También hay que decir que los elementos han ido creciendo, puesto que no se reduce al ámbito de San Pedro Cultural. Han salido a la calle. En la plaza de SanPedro está la prolongación de la línea meridiana del interior y hay una fuente esférica que en realidad es un planetario invertido y cuando se visita por la noche es una bóveda celeste.
C. O.: Y en el pueblo hemos creado un sistema solar a escala 1:1010 para que estén el sol (en el corro de SanPedro) y los planetas distribuidos a lo largo de 600 metros.
Por lo tanto, siguen vinculados a San Pedro Cultural
A. G.: Sí, muy vinculados. Cuando viene algún amigo nuestro de fuera a conocer el edificio tomamos el papel de guías. Las chicas que están allí, que hacen un papel estupendo, nos ceden el puesto y se lo enseñamos a todos los que están en el inmueble. Además, La Escuela de Música Ortega, que está dirigida por mi mujer, va a hacer el 5 de abril un concierto conmemorativo del décimo aniversario. De hecho, la música también forma parte del recorrido. Cuando la gente hace las visitas turísticas a San Pedro Cultural lo hace con la música de 2001, una odisea en el espacio. Por otro lado, a raíz de esta obra de restauración, Carlos es el arquitecto municipal y el alcalde, Francisco Pérez, sigue confiando en nosotros y nos ha llamado para toda la programación especial por los diez años. Seguimos teniendo muchísima relación. Es un edificio en el que firmamos el final de obra y no nos fuimos.
¿Es la obra que más les ha gustado hacer?
A. G.: Las obras más bonitas que he hecho las he llevado a cabo con los Del Olmo. Lo tengo clarísimo. Ahora acabamos de concluir la rehabilitación de la antigua discoteca Baranda de Baltanás como centro de congresos y multiusos y hemos estado muy a gusto.Hemos trabajando en otros proyectos, como el Patio del Principal, una actuación muy bonita. Pero San Pedro es la obra más especial.
C. O.: Sí, suscribo todo lo que ha dicho Álvaro.
¿Qué otros edificios religiosos en ruinas de la provincia podrían restaurarse como la antigua iglesia de San Pedro?
A. G.: Como San Pedro Cultural espero que no, pero habrá otras propuestas diferentes. Algún ejemplo son las ruinas de Nogal de las Huertas o Palenzuela. Hay arquitectura religiosa en mal estado que se puede recontextualizar. Y en el mismo Becerril, un pueblo que en su momento llegó a tener hasta siete iglesias, tenemos otros dos templos en ruinas para los cuales tenemos ideas muy buenas y muy diferentes.
C. O.: Hay un montón de edificios porque el patrimonio cultural arquitectónico en nuestras tierras es excelente y muy amplio. Y no solo hablo de edificios religiosos. En nuestra provincia tenemos cientos de edificios vinculados al Canal de Castilla que podrían recontextualizarse. No es solo un tema de religión, aunque creo que hay cierta tendencia a permitir, por parte del obispado, estas obras si las propuestas son suficientemente buenas. Rompo una lanza a favor de ellos en este caso. Hay un patrimonio industrial y eclesiástico con muchísimo potencial.
J. O.: En el caso de laBaranda, no es que tuviésemos un espacio muy grande que queríamos que sirviese para lo que será ahora, teníamos una responsabilidad muy grande porque fue el origen de muchísimas familias del Cerrato, cuyos padres se conocieron allí. Por ello, queríamos rehabilitar la discoteca y que hubiera algo que, de alguna manera nostálgicamente, recupere el espacio que fue este lugar de ocio.
¿Es complicado que se apueste este tipo de restauraciones?
C. O.: Sí, es complicado. No a nivel de propiedad ni de ceder usos, puesto que parece que el viento sopla de este lado en estos momentos, pero sí porque estas intervenciones necesitan un esfuerzo económico importante.