Jesús María Manrique Santamaría (Palenzuela, 24-4-1959) desprende capacidad de trabajo y compromiso con lo público por los cuatro costados. En la retaguardia laboral desde noviembre, aún no ha logrado desconectar del todo de su frenética actividad profesional entre el antiguo Instituto Nacional de Empleo (INEM) y el actual Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Los sucesivos destinos de su padre Florencio, guardia civil, acompañado de su madre, Anastasia, le alejaron en los primeros años de vida de su localidad natal. «Ambos eran de Palenzuela como mis abuelos y entonces existía la costumbre de que las hijas dieran a luz en casa de los padres, y los míos, que residían en Seo de Urgel (Cataluña), así lo cumplieron. Tras pasar muy poco tiempo en el pueblo me incorporé al ritmo de vida y a la dinámica y los cambios de destino de mi padre hasta cumplidos los 16 años», explica.
Después del éxodo familiar por motivos laborales, llegó el retorno a la tierra con 10 años para estudiar en el colegio La Salle de la capital, en el que cursó casi todo el Bachillerato salvo el sexto curso de esta etapa colegial, en la que su padre estuvo destinado en Candás (Asturias), retornando de nuevo para hacer el COU en Palencia. «Mi padre obtuvo un destino en Dueñas y aprovechábamos que una empresa de autocares, Tejedor, tenía contratado un servicio de transporte para escolares. Acudíamos a Palencia, pasando por Venta de Baños y, al mediodía, regresábamos a Dueñas con solo media hora para comer. Al terminar, retornábamos a las clases vespertinas para llegar a casa sobre las siete de la tarde», recuerda sobre un período escolar con muy poco tiempo para el ocio infantil.
De la etapa estudiantil las experiencias acumuladas fueron óptimas a todos los niveles. «Se trató de una época bastante satisfactoria en todos los aspectos, por parte del profesorado y de los compañeros. Forjé unas amistades que, a día de hoy, todavía perviven. Es más, pese al largo tiempo que ha transcurrido, un grupo de exalumnos estamos enfrascados en el 50 aniversario desde la terminación del Bachillerato y tenemos pensado organizar unos actos conmemorativos de esa efeméride sobre el mes de septiembre en el colegio La Salle», detalla.
DERECHO Y OPOSICIÓN. Al llegar los estudios universitarios Jesús Manrique optó por los de Derecho en la facultad de Valladolid. «Yo estaba entrenado con el autocar y no me supuso ningún esfuerzo ir y venir. El ocio durante el fin de semana consistía en jugar al tenis, que seguí practicando muchos años, y al fútbol. Siempre lo hice en grupos amigos con los que sigo manteniendo una magnífica relación», indica.
"El covid elevó un 700% la tarea del servicio de empleo" - Foto: Óscar NavarroUna vez iniciados los estudios universitarios, le tocó acudir al servicio militar que, en su caso, realizó a través del IMEC (Instrucción Militar para la Escala de Complemento), una modalidad para cumplir la mili obligatoria en España destinada a universitarios. Durante los tres primeros meses permanecí en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) situado en el Ferral (León), otros tres meses en la academia en Fuencarral (Madrid), y, finalmente, los seis últimos meses fueron como sargento en un acuartelamiento de Burgos», concreta.
Tras cumplir con las obligaciones militares y terminar después los estudios de Derecho en Valladolid, con 24 años tuvo la intención de colegiarse como abogado, algo que finalmente no materializó al aprobar una oposición para lo que entonces era el Instituto Nacional de Empleo (INEM).
Este fue el primer paso para iniciar lo que ha sido una dilatada carrera profesional con el aliciente añadido de poder trabajar en su tierra natal, en concreto en la capital. «Tuve suerte y había plazas en Palencia y opté a una de ellas como funcionario. Pocos meses después surgió la oportunidad de ocupar el puesto de letrado del INEM y en él permanecí 25 años», señala.
"El covid elevó un 700% la tarea del servicio de empleo"En plena juventud y con un puesto consolidado en la Administración del Estado, decidió emprender una aventura profesional paralela y con solo 26 años inició la tarea de preparador de oposiciones. «Entré en la academia Cuatro Cantones, que ya no existe, y fue muy duro porque yo empezaba a trabajar entonces como letrado y esto me exigía un mayor esfuerzo, ya que, además del desempeño de las competencias como funcionario, me dediqué a impartir también clases como formador de opositores por la tardes, de cuatro a nueve, durante cinco años y doblando la jornada laboral. No obstante, esta tarea añadida resultó muy satisfactoria ya que conocí a muchos opositores que fueron compañeros al aprobar después y coincidir con ellos en distintos organismos públicos. Y así fue hasta que tuve que dejarlo porque eso terminaba conmigo. Los fines de semana me gustaba también divertirme y pasarlo bien y todo a la vez no era posible», argumenta.
Más adelante -ya casado con María Ángeles, con la que tiene un hijo, Fernando, de 29 años- fueron llegando otras responsabilidades en la Función Pública con las que Jesús María Manrique forjó una carrera profesional multidisciplinar. «Siendo letrado en la Dirección Provincial del INEM, en el año 2000 me incorporé también como colaborador de la Abogacía del Estado, siendo sustituto en las épocas en las que la plaza de abogado del Estado se encontraba vacante. Más adelante, estando ya ocupada, ayudaba a los titulares en algunos asuntos muy puntuales. Estuve unos siete años compatibilizando las dos cosas, es decir, el trabajo que realizaba en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) como letrado y el de apoyo a la Abogacía del Estado», afirma con el orgullo del deber cumplido.
COVID, UN ANTES Y DESPUÉS. Una de las etapas que, como en otras profesiones, dejaron un poso duro de afrontar al asumir una tarea esencial, fue la llegada del covid el 14 de marzo de 2020. «Yo era director provincial del SEPE cuando ocurrió esto y, aunque fue una etapa muy dura, es cuando descubres de verdad a la persona y al profesional. Cerró todo de repente y había que mantener la cobertura de las prestaciones por desempleo. Al paralizarse la actividad productiva, hubo que pagar prestaciones a 13.000 familias aquí en Palencia durante el tiempo en el que la pandemia lo requirió. Pese al peligro que había de contagios muchos compañeros, que ejercían la actividad en régimen de teletrabajo desde su domicilio, pidieron incorporarse presencialmente, bien a la oficina de prestaciones o bien a la dirección provincial en jornadas maratonianas. La carga de trabajo subió un 700% al pasar de pagar una nómina mensual de 2,5-3 millones de euros a una que llegó a ser de 18 millones. Atender con los mismos recursos materiales y humanos esa carga adicional era difícil de asumir y fue a costa del esfuerzo de los compañeros», expone.
Y como de esa crisis sanitaria con un gran impacto económico y social se aprendió, y mucho, considera que varias cosas cambiaron para bien en la Administración. «Todo se ha ido superando y salimos con bien de esa crisis, reforzados incluso. Dentro del SEPE se introdujeron modificaciones tecnológicas con nuevas aplicaciones y se aportaron recursos materiales suficientes para ofrecer un servicio mucho más adecuado a las necesidades de la sociedad. Este trabajo exige una dedicación plena y debes estar revestido como persona de grandes dosis de empatía cuando prestas un servicio público a colectivos especialmente desfavorecidos, gente que pierde el empleo, emigrantes retornados que vuelven a España o excarcelada con derecho a prestación. Y ahí no hay nada más satisfactorio que dar cobertura a las necesidades que surgen con la pérdida del derecho de empleo en casi todas las ocasiones de forma involuntaria, bien por despidos, finalizaciones de contrato o suspensiones de empleo, bien por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción», asevera.
OCIO EN FAMILIA Y CON AMIGOS . Aunque ahora ya la practica poco, la pesca fue una de sus pasiones desde niño de la mano de su padre en el río Arlanza de su Palenzuela natal. «Encontraba barbos, bogas, cachos y alguna que otra trucha de buen tamaño y de esas propias del río. Ya voy muy poco pero he estado por allí muchísimo y siempre en ríos de aguas tranquilas», arguye.
Las rutas por la Montaña Palentina y los Pirineos con su mujer e hijo, le han servido de relax junto a viajes para visitar patrimonio cultural por Castilla y León, el resto de España y algún país del continente europeo. Si hay un lugar en el que disfruta y ahora escapa más a menudo, tras hacerlo durante 30 años, ese es Santander. «Para mí esta ciudad es la meca del palentino y yo, por razones profesionales, el mes vacacional lo debía disfrutar en agosto, cuando se suspendían las vistas de los juicios en los juzgados. Tenemos una casa allí y vamos con cierta frecuencia, dando largos paseos por la zona del Sardinero, Mataleñas y el faro», dice.
Tras jubilarse, le comentó a su mujer que necesitaba «un período de 100 días» para adaptarse a su nueva situación. «Quería reposar, descansar e intentar pasar inadvertido, aunque sigo en contacto con algunos compañeros de trabajo. Ahora, aprovecho un poco más la cama, doy paseos largos por la ciudad y, con fines culinarios, me reúno con grupos de amigos del Casino y del Bachillerato algún día de la semana, lo que resulta muy satisfactorio», concluye.