El tabaco, como todo el mundo sabe, es nocivo para la salud, pero está regulado por ley y su consumo genera ingresos para el Gobierno, que fija su precio de venta al público en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Es decir, la administración (tanto en España como en otros países) anima a no fumar mediante campañas e iniciativas cada vez más frecuentes, pero al mismo tiempo se beneficia de que haya ciudadanos que enciendan un cigarrillo. Y esto no es una cuestión baladí. Solo en Palencia, que no es precisamente una de las provincias más grandes de España, la recaudación en los estancos superó los 46 millones de euros. En cambio, los dependientes de la provincia vendieron menos productos, por lo que cualquiera entiende que el incremento de la recaudación está directamente relacionado con la subida del precio.
Nadie duda de que la barrera económica puede ayudar a reducir el número de fumadores (que en Palencia cayó nueve puntos porcentuales entre 2009 y 2024, según un estudio de la Asociación Española Contra el Cáncer), pero se trata de una medida que afecta especialmente a quienes tienen menos recursos. Aquel que pueda permitirse pagar una determinada cantidad por una cajetilla de cigarrillos o por unos puros lo seguirá haciendo, lo que deja entrever que el aumento del precio discrimina a los que menos tienen, cuando el tabaco nunca ha sido un objeto de lujo. Lo han fumado pobres y ricos. A esto se suma que el Estado, es decir, el que legisla, sigue recibiendo dinero.
Por si fuera poco, el cierre de establecimientos en el medio rural, una cuestión sobre la que alerta la Unión Provincial de Estanqueros de Palencia, podría provocar que haya zonas desatendidas. Alguno pensará que esto es positivo para reducir el consumo de tabaco, pero los estancos están regentados por palentinos que se ganan la vida con este negocio y, en muchos casos, ofrecen otros servicios a quienes residen en estos pueblos.
El tabaco es, por tanto, un claro ejemplo de la complejidad de la vida. Situaciones con doble sentido y problemas que pueden solucionarse con dinero son parte del día a día de muchos palentinos, que no pueden tirar por la vía del medio para resolverlos. Si los cigarrillos (como otros tantos artículos) son perjudiciales para la salud, ¿por qué se venden? Ante preguntas como esta, lo que no puede hacerse es poner zancadillas a los comerciantes, ya que ellos no están haciendo nada ilegal. Probablemente, seguir incidiendo en el aspecto educativo y dedicar el dinero recaudado con su venta a campañas de concienciación sea más útil para que la gente deje de fumar, incluso en aquellos casos en los que puedan seguir pagando la cajetilla.