La veteranía es un grado y, si la cabeza y el compromiso ayudan, como es el caso, el cóctel que se forma logra que, tras la jubilación, aún se pueda aportar a la sociedad muchos de los aspectos importantes que la experiencia vital y profesional han permitido acumular. En este perfil encaja a la perfección Domiciano Pastor Martínez (San Cebrián de Campos, 21-12-1951), que -a golpe de mulas y arado manual, primero, y, luego, a diario montado en un tractor-, ha cincelado más de medio siglo de permanencia profesional en el campo, junto a una veintena de años vinculado a las organizaciones profesionales agrarias (OPAs) y a la defensa de sus intereses, especialmente en el ámbito del cultivo de remolacha.
Su infancia fue feliz en plena naturaleza y junto al Canal de Castilla pero no fácil, ya que los problemas de salud de su progenitor le llevaron a dejar los estudios antes de lo deseado a los 14 años para apoyar en el trabajo de la explotación agrícola familiar. «Entonces, jugábamos en los exteriores del pueblo, que hoy está muy bonito, pero en esa época no había ni canchas de fútbol, ni de baloncesto, ni nada. Si alguien tenía un balón lo compartíamos todos y la plaza era nuestro principal lugar de ocio porque no había otro sitio. Tras la primera etapa infantil en la escuela de San Cebrián de Campos, estuve cuatro años en el colegio de los padres Alemanes, en Saldaña», explica.
Fernando y Margarita, sus padres -que tuvieron otra hija, Josefina- pensaron que, por la salud delicada del cabeza de familia, Domiciano podía ayudar en casa y el destino le situó en las labores prematuras del campo. «Asumí el compromiso, no sé si llamarle ético o moral, ya que había que tirar para adelante y esa situación la se ha repetido en cosas que hecho en la vida. Estudiar me gustaba y hubiese seguido en esta etapa perfectamente y, ya en el campo, al principio lo compaginé con trabajos en la empresa Agroman y en la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD). Y, a partir de ahí, con 17 años, nos daban una especie de carne agrícola y pasé de arar con mulas a las mecanización de los cultivos y el trabajo con el tractor, incorporándome más activamente en la explotación. Luego llegó el período del servicio militar y a la vuelta nos surgió a mí y a otros compañeros y amigos de la infancia la oportunidad de arriesgar e innovar, algo que nos gustaba, con la posibilidad de hacernos colonos del Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda), en torno a 1974. Entonces empezamos a cultivar tierras cedidas por este organismo, compartiéndolo con las que tenía la familia», señala.
GRAN TRACTORADA. Apenas estrenada la etapa democrática, en 1977 se llevó a cabo la gran tractorada de protesta por la complicada situación que vivía el campo. «Teníamos ya un espíritu combativo porque no nos gustaba cómo se trataba a los agricultores y ganaderos de aquella época. Fueron los grandes sacrificados del desastre del enfrentamiento entre españoles tras la Guerra Civil. Compartíamos reuniones más o menos clandestinas porque no podía ser de otra manera y estábamos relacionados con movimientos que surgieron. Éramos de más de 30 pueblos en torno al Camino de Santiago y se eligió a cuatro representantes: Esteban Díez, luego con cargos en la Asociación de Agricultores y Ganaderos (Asaja), de Marcilla; Urbano González Polvorosa, de Frómista; Jesús Santander, de Astudillo; y yo, de San Cebrián de Campos», explica.
"Dejé de arar con mulas a los 17 años al mecanizarse el campo" - Foto: Óscar NavarroA raíz de ese movimiento agrario surgió una coordinadora bajo el nombre de COAG. «A partir de la tractorada se empezaron a constituir las organizaciones de forma legal, que hasta entonces eran grupos dispersos. Surge con mucha fuerza en aquel momento y nos integramos muchísima gente y algunos líderes que habían estado en el sindicalismo provienen de ahí, aunque luego se fue desgajando y gente de Palencia, León y Ávila, de unas cuantas organizaciones, nos pasamos a la entonces Unión de Campesinos (UCP), hoy Unión de Pequeños Agricultores (UPA). Por aquella época ya estaba fundada y en 1997 surgió un conflicto y se nombró una comisión gestora y me integré en ella. Siempre fui tímido y prefería estar en la trastienda, pero a partir de ahí empecé a salir en la foto por mi trabajo hasta que dejé el oficio de agricultor en 2017. De la nada, y casi sin papel ni bolígrafos, en Castilla y León creamos una red de oficinas que funcionaba muy bien y, hoy, lo sigue haciendo. En Palencia abrimos en la capital y luego en Saldaña, Cervera y Herrera», rememora con cierto orgullo.
En esos inicios, ya con puestos de responsabilidad regional y en la ejecutiva confederal de UPA, llegó en 2006, por parte de los ministros de Agricultura de la Unión Europea, la ratificación de manera definitiva de la reforma de la Organización Común del Mercado (OCM) del azúcar. Domiciano siempre estuvo representando a la organización en la interprofesional remolachera y se trataba de un sector que le atraía mucho, siendo su cultivo preferente aunque hubiese otros. «A nivel nacional se hicieron acuerdos muy importantes que hoy se echan de menos. En ellos se fijaban precios, condiciones y fechas de pago. Hoy todo el mundo desearía tener una cosecha antes de sembrar con un precio fijo y conocer lo que iba a cobrar. Se fue perdiendo lo que era la filosofía de una confluencia de productores y de transformadores y ahí empezó a caer la producción, cuando nosotros teníamos 120.000 y llegan a las 600.000 tn, superando a León en dos campañas y solo por detrás de Valladolid. En la OCM hubo mucha influencia de Alemania y Francia para fijar determinados precios y quedarse con toda la producción. Se equivocaron porque no fue así y cerraron bastantes industrias. En Palencia, quedó en torno a un centenar de cultivadores en las zonas modernizadas de regadíos y la mayoría, tras el cierre de las azucareras de Monzón yVenta de Baños, se trasvasaron a la cooperativa ACOR por proximidad y algunos pocos fueron a EBRO», dice.
NUEVOS CULTIVOS. En esa situación de pérdida del sector remolachero y, al estar por detrás en materia de innovación, sobre todo en genética de cultivos, Domiciano participó con UPA en viajes a Bélgica, Holanda, Dinamarca, Reino Unido o Estados Unidos, visitando allí cinco estados. «Fuimos cuando se hablaba más del cambio climático y se investigaba muy seriamente en temas de semillas. Ya se vendía el discurso antitransgénicos, que no se correspondía en muchos casos para nada con lo que estaba pasando. Creo que la agricultura ecológica es compatible con otras prácticas y llevamos 40 años consumiendo alimentos hechos con productos transgénicos. Se decían muchas cosas falsas en torno a ellos y en este país, por ejemplo, se consume muy poquita soja que no sea transgénica y la comen también las vacas o los cerdos», argumenta.
CONSEJERO DEL CES. Antes de jubilarse y estando ya en la Ejecutiva Federal, en ella se decidió que Domiciano era la persona indicada para formar parte -representando a la UPA- del Consejo Económico y Social de España (CES), en el que lleva 15 años -fue nombrado el 15 de marzo de 2010-, con solo otros dos integrantes del mundo agrario en el mismo a nivel nacional pertenecientes a COAG y Asaja. «Se trata de un órgano consultivo del Estado, al que pertenece, y no depende del Gobierno. Los dictámenes de las leyes no son vinculantes, e igual que se consulta al Consejo de Estado se hace lo mismo con nosotros y elaboramos un informe. Ahora mismo acabamos de hacer uno para aplicar la jornada laboral de 37,5 horas semanales. Siempre me atrajo la agricultura social y, por algunos contactos personales, la sociología rural, y tengo una colección importante de libros sobe este tema. Algunas reuniones y comisiones se hacen a través de videoconferenia y asisto a los plenos en Madrid. Es un trabajo muy gratificante y un honor poder seguir haciéndolo hoy en día», se congratula.
TIEMPO FAMILIAR. Y como todo en la vida, lo que permanecía en el debe ha llegado la hora de ser recuperado. Tras varios años subido a un tractor y atendiendo sus responsabilidades en el sindicalismo agrario, la familia es ahora una prioridad en compañía de su mujer Luisa. «A ella, dedicada a la tareas de la casa, y a mis dos hijas, Luisa María y Laura, las robé mucho tiempo», confiesa. Ahora, procura estás todo lo que puede con ellas desde que dejó la agricultura tras jubilarse hace ocho años. También disfruta de los dos nietos que tiene, Álvaro y Carla, de 9 y 6 años, hijos de Luisa María.
"Dejé de arar con mulas a los 17 años al mecanizarse el campo"Tal y como señala, no se deja de ser agricultor nunca, y una de sus pasiones se centra en estar cerca del campo que le vio nacer. «Cuido el jardín de mi casa y me entusiasma hacerlo durante tiempo, junto a un huertecito. Me gusta la bici de montaña y las rutas que hago son siempre por caminos rurales para disfrutar de la naturaleza y ver los cultivos. Bajo por el Canal de Castilla hasta La Venta y, desde allí, me voy a Calahorra de Rivas, cuya triple esclusa es un sitio espectacular en el que trabajé dos años para la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD). También compart,o en cuanto nos es posible a todos, viajes y comidas con amistades de UPA y la infancia, junto a sus esposas, y tratamos de juntarnos a menudo», concluye.