Sari Fedz. Perandones

Al revés

Sari Fedz. Perandones


El alma

15/12/2023

Como no estoy más que lo justo en la pomada, que se dice, confundo mucho a los actores y actrices actuales. Se me parecen. Y la mayoría tienen el mismo defecto que no soporto: No vocalizan, no abren la boca lo debido, chapurrean en vez de hablar, tienen un tono monocorde excepto cuando gritan o dicen tacos. Producen sopor. Y muchas de las películas no tienen ritmo. Un horror. Puede ser buena la idea, pero supongo que no se puede mantener una cámara enfocando a Petra Martínez en el papel de enferma en una cama de hospital semidormida, durante tres minutos largos con ningún objetivo. Apagué la tele. Mucha cámara y poco diálogo sabroso. Eso pasa en nuestro cine. Con sus excepciones, naturalmente. Antes no. Salían los monstruos de entonces en pantalla, y hablaban sus ojos, sus gestos, su estupor, su vulgaridad llena de grandeza, sus manos batiéndose, sus carrerillas  y sus palabras. Tenían Alma. Ahora, como debe ser que no se lleva, tienen músculos y pecho, pero son sólo una carcasa. Se nos fue Concha Velasco y arrasó con todos aquellos que sí que la tenían: Leblanch, Landa, López Vázquez, Rabal, Agustín González, y ellas, Rafaela Aparicio, Florinda Chico, Gracita Morales, Katia Loriz, Mabel Karr y todos los que me dejo, y nutrían de alma aquellas películas gozosas e inocentes,  o no tanto. Alguno nos queda perdido en este tumulto vital de ahora… José Sacristán por ejemplo, como de mal humor o triste siempre, seguramente con razón.  Recordando estos días a Conchita y su Chica ye-yé, nos damos cuenta de que lo llena todo, que su alma está en su boca, en  sus piernas y en sus ojos, que ese canto a la alegría de vivir y de rebelarse contra la formalidad de una época, intrínseca a las mujeres, empezó con ese himno a la libertad, y nos las fuimos componiendo nosotras solas, abriendo grietas en los muros, sacando la patita poco a poco, con ritmo, haciendo madurar las libertades, mientras todos los ministros eran hombres y no te tenían en cuenta. Pero Concha puso su grano de arena, y las adolescentes de entonces fuimos sembrando nuevos caminos y toda clase de retos, sin leyes ni ministerios. Eran tiempos aquellos de muchas luchas Concha, pero vosotros le pusisteis alegría, gracia, bondad, y os hicisteis inolvidables como artistas y como humanos. Qué arte. Qué personas. Qué actorazos.  Allí donde os encontréis, mandadnos con la lluvia, el alma que nos falta.