Viaje por el Canal de Castilla

Javier Martínez Romera
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Con motivo de su presentación en Soria, el autor glosa el último libro de Pascual Izquierdo sobre la infraestructura que nace en Alar y recorre la provincia de norte a sur, el mayor sueño de la ilustración española

Viaje por el Canal de Castilla - Foto: Sara Muniosguren

Más allá del frecuente apelativo del siglo XVIII como siglo de las luces, en referencia al enorme avance científico, filosófico y cultural que en sus años se produjo en el continente europeo, es muy constatable cómo sus contemporáneos, aquellos hombres y mujeres ilustrados, gustaron de intentar mejorar vidas y haciendas de sus conciudadanos. Visible es aún hoy la influencia de aquel siglo brillante en muchas de las instituciones y costumbres, desde la enseñanza al sistema político, pasando por la importancia dada a la lectura y a cualquier manifestación cultural. Si viajamos, algo consustancial e imprescindible para ampliar horizontes, según otra idea dieciochesca de largo recorrido, veremos, asimismo, la gran huella física que aquellas ideas dejaron. 

Un viaje especialmente ilustrativo a este respecto es el que ha recogido en un libro de magnífica prosa, Viaje por el Canal de Castilla (Hacia la pleamar de las espigas), y en fechas recientes ha ido presentando por toda la geografía castellana, alternado históricos monasterios, decimonónicos salones y modernos auditorios, el escritor Pascual Izquierdo. La última, por el momento, en el Círculo Amistad Numancia de Soria. 

Es Pascual Izquierdo un burgalés en origen, pues nació en 1951 en Sotillo de la Ribera, a orillas del Duero. Sus cartesianos estudios de Ingeniería Técnica de Telecomunicación no le impidieron estudiar Filología Hispánica después y, lo que es más importante, desarrollar un lirismo y una pluma ágil para la descripción de paisajes y el retrato de tipos que ha ido cultivando a lo largo de muchos años en un género especialmente pragmático, como el de las guías de viajes, de las que ha escrito más de una decena. Algunas ya clásicas como las de Toledo, Burgos o Ávila, a las que ha dotado de un aliento y una singularidad de escritor que las ha hecho muy apreciadas entre los viajeros de ojos atentos a la buena lectura, la historia y el arte.

Pero el formato, necesariamente encorsetado y breve, de las guías se le fue quedando pequeño a nuestro inquieto viajero y escritor que, ante todo, se define como poeta. Así ha quedado bien demostrado en sus diez libros publicados de este género entre La exactitud de las catedrales (1974) e Historia de este instante (2019). Decidió el autor, por lo tanto, dar también carta de naturaleza literaria a una serie de viajes que había realizado con esos amigos singulares en los años anteriores. 

En 1999 presentó Prosas profanas del Camino de Santiago y, unos años después, Viaje por tierras de Castilla (y Cantabria), que Oportet publicó en 2021 ilustrado magistralmente por Santiago Izquierdo, lo que le da al libro una gran vistosidad y permite un estimulante ejercicio de comparar lo imaginado por el lector con la realidad plasmada por un artista de sensibilidad delicada y despierta. 

Con posterioridad, se embarcó Pascual Izquierdo en rememorar en el trabajo que nos ocupa un Viaje por el Canal de Castilla, excelentemente editado en 2023 por Difícil, con la pulcritud habitual de la editorial en el texto y en el magnífico elenco de fotografías con que el escritor acompaña sus palabras. 

DE CASTILLA AL MAR

El Canal de Castilla es acaso la realización material más ambiciosa de la ilustración española, pensado, como el Canal de Guadarrama, a conectar el cerealista centro de la península con los puertos de mar y, así, con las dinámicas emergentes del comercio internacional.

El devenir político e histórico casi no permitió arrancar al Canal de Guadarrama, por más que su imponente Presa de El Gasco de la sierra madrileña merezca una visita, pero en tierras castellanas, sí se logró, tras muchos vaivenes y esfuerzos, unir Alar del Rey con Medina de Rioseco y Valladolid. Jamás se llegó al ansiado puerto de Suances y el último ramal, el de Campos hasta Medina de Rioseco, hubo de concluirlo el siempre antipático Fernando VII con presos extraídos de las cárceles a cambio de la redención de parte de su condena. Quién sabe si entre ellos no habría algún liberal descendiente de los ilustrados que, no tantos años antes, suspiraban por la modernización del país, en los más amables tiempos de Fernando VI y Carlos III que vieron nacer y crecer las obras del canal. 

Así pues, nuestro informado escritor imbuido, entre otras muchas lecturas, de la Castilla en escombros de Julio Senador Gómez y la imprescindible Castilla en canal  de Raúl Guerra Garrido y camuflado como un narrador casi omnisciente se convierte en un relator fiel de sus propias andanzas y de las de sus acompañantes, todos esforzados ciclistas profesos en la muy noble y leal Orden del Pedal.

Con su prior y notario mayor a la cabeza nuestros viajeros, reales y literarios, se ponen en camino en agosto del año 2000 y desde Alar, esclusa por esclusa, pueblo a pueblo, van recorriendo el Canal, adentrándose «hacia la pleamar de las espigas» de la esencialidad agrícola, paisajística y humana de Castilla, desgranándonos por el camino los monumentos y elementos patrimoniales más importantes en sus variables estados de conservación: olvido, ruina y abandono. 

Disfruta el autor, al tiempo, reproduciendo jugosos encuentros con el circundante paisanaje en retirada que rememora un tiempo casi mágico y mítico -como el que recoge con cariño y amenidad Raúl Rubio Escudero en sus estupendos Cuentos del ramal del norte-, un pasado de escluseros, posadas y meriteros y pondera el presente, no sin ironía ni crítica hacia las autoridades de toda índole, desentendidas del canal, su gran herencia patrimonial y de las gentes que lo circundan. 

A la mesura del narrador se unen las apreciaciones más polémicas y vehementes del prior Aloysius, la visión pragmática del doctor Simon, que pone el contrapunto práctico, gastronómico y mundano a la visión intelectual e histórica que las más de las veces suscita el canal y, desde una posición discreta pero imprescindible, el «muy docto Aemilius», -trasunto del conocido Emilio Pascual Martín, escritor, editor, poeta, narrador y crítico literario- que es quien tercia en las discusiones y aporta el dato histórico, lingüístico o personal que, casi siempre enriquece la conversación y apacigua polémicas y discusiones entre los caballeros pedaliegos. 

AÑOS 2020 Y 2022

La escritura le sirve además a Pascual Izquierdo para narrar cómo se mostraba el Canal de Castilla, sus pueblos y moradores en aquel verano de 2000, completado el viaje del ramal de Campos en octubre de aquel mismo año. Y compararlo con el del tiempo actual, al revisitar de nuevo todo el recorrido en la primavera, verano y otoño de 2022, de manera exacta y reposada en notas recogidas en un apéndice que permiten al lector reflexionar sobre qué cosas han mejorado y cuáles empeorado en un tiempo cercano en la memoria, pero que ya comienza a ser lejano en el tiempo. 

Esa comparación temporal y circunstancial es, también, uno de los ejes narrativos, del Soria en Seiscientos de quien esto escribe, obra que puso en contacto y, al parecer, en sintonía las sensibilidades de dos personas amantes de recorrer y escribir.

Con ese periplo canaliego ya concluido en lo real, pero todavía muy activo en lo literario, su autor anda de nuevo trabajando en otra ruta, ahora por tierras quijotescas, que permita seguir las andanzas de tan docta y singular orden de ciclistas. Su lectura cumplirá, a buen seguro, aquella máxima quijotesca de que: «el que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho», algo que bien sabía el navegante Antonio de Ulloa, que proyectó el Canal de Castilla, o el obispo de Sigüenza Juan Díaz de la Guerra, que mandó construir el racional pueblo de Jubera, y bien aplica Pascual Izquierdo en sus obras, que merecen una lectura reposada, atenta y siempre placentera.


(Javier Martínez Romera es doctor en Traducción e Interpretación y profesor de Geografía e Historia en el IES Antonio Mayo de Soria)